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https://iclfi.org/spartacist/es/45/latinoamerica
Traducido de Latin America | Reaction & Delusion (inglés), Spartacist (English edition) No. 71 ,

La siguiente presentación, editada para su publicación, fue pronunciada por la camarada Julia Emery en nuestra IX Conferencia Internacional.

Nuestro punto de partida básico en la LCI, como saben los camaradas, es que las luchas de los oprimidos de América Latina deben dirigirse principalmente contra el imperialismo estadounidense. Así que lo que quiero abordar es la trayectoria política que sigue América Latina y cómo refleja el giro general a la derecha de la política mundial. La posición básica que quiero defender es que estamos presenciando un giro significativo hacia la derecha en toda América Latina, con un país tras otro adoptando gobiernos neoliberales y pro Trump. En este momento, sólo hay unos cuantos países, como México y Brasil, donde aún hay gobiernos de izquierda que intentan implementar medidas para apaciguar a las masas mientras buscan negociar con los rapaces imperialistas estadounidenses, lo que en última instancia es imposible.

Esta postura difiere significativamente de la visión del mundo de otros grupos de izquierda, que sostienen que la derecha y la izquierda están en un empate técnico, y que niegan o minimizan el hecho de que la derecha se encuentra en una verdadera ofensiva en todo el continente.

Factores que impulsan el giro hacia la derecha

Propaganda electoral del nuevo presidente colombiano De la Espriella. La Izquierda Diario: El declive de Milei, el debate por lo que viene y el crecimiento de Bregman y el PTS
 

Propaganda electoral del nuevo presidente colombiano De la Espriella. La izquierda se aferra a ilusiones para restarle importancia al giro a la derecha en América Latina.

¿Cuáles son los factores detrás de este giro hacia la derecha en América Latina? El primero es, obviamente, la situación mundial marcada por el desmantelamiento del orden liberal por parte de Trump. El conflicto entre Estados Unidos y China domina cada vez más la política mundial, y América Latina es un terreno clave donde esto se está desarrollando. El comercio entre China y América Latina aumentó más de 30 veces en los últimos 20 años, pasando de aproximadamente 12 mil millones de dólares alrededor del año 2000 a más de 480 mil millones para 2022. Estados Unidos sigue siendo el mayor socio comercial en general de América Latina, principalmente debido a su comercio con México y Centroamérica, pero China se ha convertido en el mayor socio comercial de gran parte de Sudamérica. Aunque no voy a defender todo lo que hace China en Sudamérica, es importante dejar claro cuál es la potencia que oprime a América Latina, y ésa es Estados Unidos. A pesar de que se enfrenta a un desafío cada vez mayor en la escena mundial, Estados Unidos ha considerado durante mucho tiempo a América Latina como su “patio trasero” y está dando prioridad a asfixiar a la región y presionar a sus gobiernos para que rompan sus lazos con China.

El año 2026 ha visto una rápida intensificación de la agresión estadounidense, que comenzó con el secuestro del presidente venezolano en funciones, Maduro, a principios de enero, y la capitulación de un ala del régimen chavista. El acontecimiento más siniestro hasta la fecha es la amenaza inminente de una contrarrevolución en Cuba. Bajo la amenaza extrema de estrangulamiento por parte de Estados Unidos, el gobierno cubano depositó toda su fe en las negociaciones, lo que condujo a la adopción de un paquete de reformas económicas dictadas por el imperialismo estadounidense que, de implementarse, derrocaría la propiedad colectivizada y restablecería la propiedad privada, permitiéndole un acceso sin restricciones al capital extranjero y los gusanos. El Partido Comunista de Cuba (PCC) tiene la ilusión mortal de que esto le permitirá sobrevivir.

La respuesta a nuestros artículos por parte de los partidarios del PCC ha sido extremadamente hostil e histérica, pero no he visto una respuesta inteligente a nuestros argumentos de que las medidas propuestas no sólo anularán todos los logros que buscan defender, sino que también conducirán a la destrucción del propio régimen del PCC. Esto es contra lo que lucha la LCI con todos los medios de que dispone como pequeña organización.

Un segundo factor que impulsa el giro hacia la derecha es el fracaso de los gobiernos de la Marea Rosa, que la población eligió en la década de 2000 tras los gobiernos neoliberales de los años 80 y 90. Como explicó Trotsky, en los países oprimidos, la burguesía nacional puede gobernar o bien apoyándose en los imperialistas contra las masas, o bien apoyándose en las masas contra los imperialistas. Durante un tiempo, estos gobiernos de la Marea Rosa pudieron apoyarse en las masas y brindarles lo que muchos consideraron, con toda razón, avances reales, lo que les permitió un respiro frente al imperialismo.

Sin embargo, debido a los cambios en los mercados internacionales y en la situación mundial, al aumento de la corrupción y, en particular, a la altísima inflación en países como Argentina y Venezuela, estos gobiernos perdieron el apoyo popular del que antes gozaban. Si bien persisten las ilusiones en el chavismo y el evismo, por ejemplo, el hecho de que el secuestro de Maduro y la traición de Delcy Rodríguez prácticamente no encontraran oposición en Venezuela fue una prueba definitiva de que el régimen había perdido el apoyo de las masas.

Otro factor que hay detrás del apoyo a la derecha es el temor muy real a la delincuencia y a las poderosas bandas de narcotraficantes a lo largo de América Latina. Éstas mantienen como rehenes a aldeas y poblaciones enteras, obligan a los jóvenes a unirse a bandas del narco y provocan que miles de familias desesperadas por escapar de esta violencia emigren a Estados Unidos. Incluso entre quienes odian al imperialismo estadounidense y al neoliberalismo, muchos consideran que los actuales gobiernos latinoamericanos son totalmente ineficaces contra los narcos, y existen ilusiones reales de que la CIA y la DEA sean más eficaces en la lucha contra los capos de la droga. Aparte de nuestra oposición elemental al imperialismo estadounidense, aún no hemos abordado esta cuestión en serio. Sin embargo, me pareció bastante útil el marco expuesto en el artículo principal del nuevo periódico nigeriano de la ISA-R para abordar esta cuestión (ver “¡No a la guerra imperialista de EE.UU. contra Nigeria!”, The Anti-Imperialist, No. 1, verano de 2026).

Negación de la realidad

El levantamiento masivo contra el gobierno boliviano y Mario Argollo, de la COB, le da la mano al presidente Paz
Juan Karita/fotos de AP

El levantamiento masivo contra el gobierno boliviano (izquierda) fue traicionado por la dirección de la federación sindical COB. Derecha: Mario Argollo, de la COB, le da la mano al presidente Paz, lacayo de Estados Unidos, 17 de junio.

El panorama que presento aquí contrasta significativamente con la visión de otros grupos de izquierda, para quienes la izquierda y la derecha están básicamente empatadas en América Latina, y es una incógnita hacia dónde se dirigen las cosas. Voy a abordar algunos de los argumentos que plantean para defender esta visión.

Uno de ellos es que, aunque los gobiernos de derecha están llegando al poder en toda América Latina, en muchas de estas elecciones, como en Perú y Colombia, los resultados fueron reñidos. En Argentina, muchos sostienen que Milei ha encontrado resistencia al implementar algunas de sus medidas y que su número absoluto de votos disminuyó en las elecciones intermedias del año pasado. Un ejemplo es el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) de Argentina, que muchos de ustedes conocen como Left Voice en EE.UU., Révolution Permanente en Francia o Movimiento de Trabajadores Socialistas en México. Su argumento es:

“El punto es que la derecha no logra reconfigurar las relaciones de fuerza al nivel que necesitaría. Lo que vemos, en cambio, es un desgaste muy acelerado de gobiernos de derecha como el de Kast en Chile, pero también grandes dificultades de Milei en Argentina. Lo vemos a su vez en la resistencia que encuentra Rodrigo Paz en Bolivia”.

—“¿‘Trumpificación’ de América Latina? Derechas, relación de fuerzas y lucha de clases”, Ideas de izquierda (30 de junio)

Si bien hay algo de cierto en esto, debemos juzgar el resultado de las recientes elecciones desde el punto de vista de si los intereses de los oprimidos avanzaron o retrocedieron. La victoria de gobiernos de derecha respaldados por el gobierno de Trump, incluso si no cuentan con un apoyo generalizado, les permitirá, a ellos y a sus amos imperialistas estadounidenses, llevar a cabo ataques catastróficos contra las masas oprimidas. Por ejemplo, a pesar de las repetidas movilizaciones masivas que ha habido en Argentina, Milei logró promulgar su Ley Bases, recortando muchos servicios sociales como la salud y la educación, y más recientemente aprobó una reforma laboral que socava fundamentalmente los derechos sindicales.

Obviamente, no podemos descartar que uno de estos gobiernos sea reemplazado por una alternativa más de izquierda. Pero es importante observar la tendencia histórica general. Los últimos treinta años han sido un periodo excepcional de democracia liberal en gran parte de América Latina, a diferencia de la sucesión de golpes de estado que fue característica de periodos anteriores. Pero eso no es la norma, y es muy probable que en los próximos años las burguesías latinoamericanas impongan su voluntad y, lo que es más importante, la de Estados Unidos, por la fuerza.

Otro enfoque de la izquierda ha sido minimizar las derrotas que ha sufrido la clase obrera. Algunos grupos, entre ellos el PTS y, en cierta medida, creo, el último artículo que escribió el Partido Obrero Revolucionario (POR) sobre Bolivia, sostienen que lo de Bolivia no fue una derrota porque el levantamiento no se ahogó en sangre, a pesar de las amenazas del gobierno de Paz. Pero la forma en que se derrotó el levantamiento es aún más peligrosa: la COB, organización histórica de la clase obrera boliviana, apuñaló por la espalda a los campesinos y los pueblos indígenas, creando una división venenosa que podría durar una generación. El gobierno de Paz sigue en el poder, sus facultades de excepción siguen vigentes y logró ganar tiempo para reagruparse, entrenar a bandas fascistas y recibir más refuerzos del imperialismo estadounidense.

Un argumento que el PTS y otros han planteado más recientemente es que la popularidad de su líder, la diputada argentina Myriam Bregman, demuestra que la población del país se está volcando hacia el trotskismo y el FIT-U, la coalición electoral de los trotskistas. Ahora bien, ¿qué significa este aumento de popularidad? No creo que la clase obrera se esté volcando en masa hacia la dictadura del proletariado.

Creo que lo que está sucediendo es que Milei lleva dos años y medio en el poder. Quienes votaron por él con la esperanza de un cambio están viendo cómo esas esperanzas se desvanecen, conforme el nivel de vida empeora. Mientras tanto, los peronistas están totalmente divididos, desacreditados por su anterior periodo en el gobierno, que terminó con una inflación superior al 200 por ciento. No han planteado una oposición seria al gobierno de Milei, optando en cambio por el diálogo social y el mantenimiento de la estabilidad. Así pues, a falta de algo mejor, crece en las encuestas el apoyo a una opción alternativa. Pero eso no significa que se hayan disipado las ilusiones del proletariado argentino en el peronismo. La verdadera pregunta para el PTS es qué va a hacer con ese apoyo.

La necesidad de un polo revolucionario

Defend Cuba Against U.S. Imperialism
Workers Vanguard

Manifestación de frente unido en Nueva York, 17 de julio

¿Significa este panorama sombrío que las masas en América Latina se están volcando universalmente hacia la derecha? Para nada. Existen importantes contracorrientes y resistencias, entre las que destacan las frecuentes movilizaciones masivas de Argentina y el reciente levantamiento de Bolivia. Sin embargo, lo que obstaculiza fundamentalmente estas movilizaciones es que, incluso cuando hay mucho descontento, no se percibe por ahora ninguna dirección alternativa viable, ya que las diversas direcciones no revolucionarias han demostrado totalmente su bancarrota.

¿Por qué es importante tener una comprensión correcta de la relación de fuerzas? Porque la tarea clave de los trotskistas en América Latina, como en cualquier otro lugar, es construir una fuerza revolucionaria que pueda unir a las masas en la lucha contra el imperialismo estadounidense.

Para quien piense que esa dirección ya existe, y que se manifiesta en la magnitud de las movilizaciones contra el neoliberalismo y en la capacidad espontánea de autoorganización de las masas y no en un programa trotskista, la tarea se reduce a amplificar las movilizaciones, que es precisamente lo que defiende gran parte de la izquierda argentina. Pero la tarea de los trotskistas en América Latina es construir un polo trotskista capaz de dirigir a las masas.

Al hacerlo, debemos luchar contra un par de tendencias. Una de ellas es la que ejemplifica perfectamente nuestra propia actitud anterior hacia los gobiernos de la Marea Rosa: tratar a gobiernos como el de Chávez o el de Morales —o, para el caso, el de Claudia Sheinbaum en México— como si no se diferenciaran en nada de los gobiernos neoliberales de derecha. El problema con esto es que no podemos lidiar con las ilusiones que la gente tiene en ellos, resultado de logros reales que han conseguido los oprimidos.

La otra tendencia es capitular ante esas fuerzas. Las organizaciones y las fuerzas que sostienen que lo que hace falta es devolver al poder a figuras como Maduro y Morales representan mejor esta tendencia. Un argumento que escuchamos en Bolivia es que el problema fue que los colaboradores de Evo Morales lo traicionaron, y que lo que se necesita es un retorno al “verdadero” evismo. El mismo argumento se escucha en Venezuela.

Aquí mencionaré que nuestra reorientación total en torno a la cuestión de la revolución permanente y la necesidad de fusionar la liberación nacional y la lucha antiimperialista con la lucha por el socialismo es absolutamente fundamental y constituye la base sobre la que hemos estado tratando de intervenir en América Latina, así como la base de nuestras discusiones en curso con el POR.