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Las heroicas masas de trabajadores, campesinos e indígenas de Bolivia están una vez más mostrando el camino. Desde hace semanas han paralizado la economía mediante huelgas, bloqueos y manifestaciones destinados a derrocar al odiado régimen de Rodrigo Paz, poner fin a su pobreza extrema y liberar al país del saqueo del imperialismo estadounidense.

Saludamos el valor revolucionario de las masas bolivianas, cuya victoria podría cambiar el rumbo en toda América Latina y más allá. Sin embargo, para llegar a eso, los luchadores conscientes deben entender el peligro que enfrenta el levantamiento y la necesidad de actuar para convertir los bloqueos en una revolución victoriosa.

El peligro: el estancamiento genera reacción

El movimiento ha evidenciado su inmenso poder y ha mostrado que puede amenazar los intereses de EE.UU. y sus títeres en el gobierno. Pero paralizar el país sin un plan claro e inmediato para tomar el poder y reorganizar la sociedad crea un vacío peligroso.

El actual estancamiento le está dando al gobierno de Paz un respiro muy valioso para organizar su contraofensiva. Todos saben que, tras bastidores, Estados Unidos está maniobrando para apuntalar a Paz en medio de rumores de un flujo de dinero, inteligencia y armamento imperialistas hacia el estado y las organizaciones fascistas. Éste es un peligro mortal que debemos enfrentar.

Además, el estancamiento amenaza con empujar a sectores de la población a los brazos de la reacción. El enorme sector informal de Bolivia —los millones de gremialistas y trabajadores autoempleados que apenas sobreviven de su trabajo diario—, junto con los pobres urbanos y las clases medias, se enfrentan al agotamiento a medida que los suministros se acaban y se dispara la inflación.

Si el movimiento no actúa de inmediato para ofrecer una alternativa, la clase dominante utilizará la desesperación de estos sectores para construir una base de apoyo para la represión.

No podemos depositar nuestra fe en la ilusión de que una transición pacífica del poder a través de las elecciones resolverá la actual crisis económica, como sostiene Morales. Desde Venezuela hasta Cuba, Estados Unidos ha dejado claro que sólo aceptará una sumisión total. En última instancia, si las masas no imponen su propio poder, Estados Unidos impondrá sus brutales dictados.

La tarea: de bloqueos a organizarse por el poder

Para derrotar estas amenazas, el movimiento debe pasar de paralizar la vieja economía a organizar activamente la nueva.

¡Crear comités para gestionar el suministro y la producción! Las organizaciones de trabajadores, campesinos e indígenas deben formar y coordinar comités en todo el país para tomar el control de la distribución de alimentos, suministros médicos y combustible. Estos productos esenciales pueden ser tomados de los grandes intereses capitalistas y distribuidos al pueblo. Ahí donde los patrones bloqueen a los trabajadores o saboteen la economía, los trabajadores deben ocupar las fábricas y las minas y reiniciar la producción bajo su control. Al alimentar a la población y controlar la economía, la revolución demostrará a las masas no organizadas que los trabajadores y los campesinos no representan el caos. Demostrará que los productores pueden dirigir la sociedad mucho mejor sin los patrones, los banqueros, los terratenientes y otros parásitos.

El objetivo no es ayudar a gestionar la vieja economía. Es construir los cimientos de un gobierno de trabajadores, campesinos e indígenas.

¡No a los acuerdos traicioneros! Estos comités de base deben tener poder de veto absoluto sobre la dirección. Bajo ninguna circunstancia se puede permitir que los líderes sindicales o campesinos lleven a cabo acuerdos separados y fragmentados con el régimen de Paz.

¡Fraternizar con los soldados! El gobierno está tratando de movilizar al ejército para una masacre. El movimiento debe apelar a los soldados, que son hijos de trabajadores y campesinos indígenas. Hay que atraer a los soldados a la lucha, y debemos llamarlos a formar comités de soldados capaces de controlar a sus oficiales. Es crucial que, si los oficiales dan la orden de disparar contra el pueblo, los soldados estén listos y preparados para voltear sus armas en contra de ellos. No podemos esperar a que lleguen momentos fatales para hacer esto. Debemos ir a los soldados ahora. Con ellos a nuestro lado, la revolución triunfará con seguridad.

¡Aplastemos la amenaza fascista de raíz! Las organizaciones fascistas como la Unión Juvenil Cruceñista —los hombres armados de la oligarquía del Este, potencialmente armados por EE.UU.— son un peligro mortal. Serán las tropas de choque de cualquier campaña de represión. Los trabajadores y los campesinos, junto con los soldados de base, deben desarmarlos, aislarlos y neutralizarlos ahora, mientras el estado está débil y antes de que puedan consolidar sus fuerzas. Si esperamos, estas alimañas sólo ganarán fuerza.

Las masas bolivianas han demostrado que tienen el poder no sólo para derrotar a Rodrigo Paz, sino para asestar un golpe histórico contra el imperialismo en toda América Latina. No hay tiempo que perder.

  • ¡Obreros y campesinos: formen comités para ejercer el poder!
  • ¡Abajo Paz y todos los lacayos de EE.UU.!
  • ¡Por la unidad de América Latina contra el imperialismo estadounidense!