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Después de dos años de gobierno de Milei, las condiciones para los trabajadores son cada vez peores, los hospitales sufren carencias, las escuelas no tienen fondos y los servicios sociales, que antes hacían la diferencia para los más desprotegidos, están cada vez más paupérrimos. Milei implementó el DNU y la Ley Bases (que desregularon gran parte de la economía y abrieron el país aún más a la expoliación imperialista). Con las elecciones intermedias, la fracción de Milei en el congreso se fortaleció (con la ayuda de la amenaza de Trump), permitiendo que se aprobara la reforma laboral que hace trizas los derechos de los trabajadores. Es obvio para la clase obrera y las masas empobrecidas que las cosas van de mal en peor.
¿Y qué dice la izquierda cuando enfrentamos estas derrotas? Dice que Milei no es tan fuerte como parece y minimiza el grado de la derrota en las elecciones señalando el alto nivel de abstención. Este fatuo optimismo que niega las derrotas es desorientador. Mejor veamos con ojos sobrios la realidad. Lo que han estado haciendo el FIT-U y otras organizaciones desde el ascenso de Milei no está funcionando para detener sus ataques.
La izquierda socialista puede ver que las direcciones peronistas de los sindicatos han traicionado a los trabajadores al no organizar una lucha consecuente para defenderse de Milei. Sin embargo, también queda claro por los resultados de las elecciones que la izquierda trotskista no está ganando influencia. Entonces, ¿qué hacemos? El problema es que las críticas a la burocracia que han levantado son por falta de combatividad en vez de mostrar cuál es el programa detrás de eso y contraponer otro. La tarea de los revolucionarios es arrebatarles la dirección a las traidoras burocracias de las principales centrales sindicales, pero no han sido capaces de formular un programa que desafíe a estas direcciones.
El PTS, a pesar de hablar de la necesidad de “un gran Partido de la clase obrera”, no parece pensar que debería hacer algo diferente en el terreno después de dos años de ataques exitosos de Milei. En una entrevista reciente, Bregman dijo: “Yo no veo esa fortaleza en Milei… Sin esa complicidad y sin esas traiciones [de la oposición] Milei estaría sumamente complicado. Así que, si fortalecemos la lucha en las calles, si peleamos en cada provincia por que la ley de glaciares no se apruebe, que es la gran torta que se quieren repartir ahora, yo creo que tenemos muchas posibilidades de ponerle un freno a este plan de Milei y al fondo monetario”. Si los últimos dos años muestran algo, es que estar “en las calles” y organizar grandes manifestaciones no es suficiente. Para tener un impacto hay que golpear a los imperialistas y a la burguesía donde les duela. Esto implica paralizar la economía mediante huelgas efectivas y eso sencillamente no se puede lograr sin abordar el problema de cómo ganarse el liderazgo de la clase obrera.
El grueso de la clase obrera sigue a los peronistas por conquistas del pasado, por la afirmación de que la patria no se vende, y porque no ven a la izquierda como una verdadera alternativa. Mientras tanto, la izquierda le deja la iniciativa a la CGT, pidiéndole un plan de lucha. Esta farsa llegó a grados aún más ridículos cuando la CGT anunció un plan de lucha, y entonces varios grupos trotskistas enmendaron su solicitud para pedirle un verdadero plan de lucha.
Un pilar de nuestra intervención ha sido el llamado por un gobierno del FIT-U, la CGT y las CTA basado en echar a las burocracias. Ésta es una forma de ofrecer una alternativa política real que muestre qué tipo de gobierno debería reemplazar a Milei y podría llevar a la satisfacción de los anhelos de las masas. Nuestra propuesta para un frente de lucha incluía llamados por mejoras salariales, reversión de las privatizaciones y repudio de la deuda externa. La izquierda ha reaccionado abrumadoramente de forma negativa a este llamado por un gobierno obrero alegando falsamente que estamos hablando de formar un gobierno con las dirigencias traidoras actuales, cuando en realidad estamos proporcionando una herramienta para que los obreros echen a esas dirigencias. A la vez, la izquierda no ofrece ningún camino concreto para avanzar hacia el poder proletario. Es necesaria una seria reorientación tanto entre los trotskistas como en los sindicatos.
A 50 años del golpe militar, recordamos a los luchadores de esa época. Entre las principales víctimas de la dictadura se encontraban obreros peronistas y militantes revolucionarios. El gobierno militar entendía que éstas eran las fuerzas clave para una revolución en Argentina y querían liquidar esa posibilidad. La izquierda socialista debería entender que siguen siendo ésas las piezas esenciales para la liberación social y nacional en el país, y es su responsabilidad saldar la brecha entre los sindicatos y los revolucionarios. No tendrán éxito si no luchan codo a codo. ¡Por un frente de lucha de los sindicatos y la izquierda contra el saqueo nacional!

