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https://iclfi.org/spartacist/es/45/iran
Traducido de Iran War | Prospects & Tasks (inglés), Spartacist (English edition) No. 71 ,

La siguiente presentación, editada para su publicación, fue dada por el camarada Badr, de la ISA-R, a nuestra IX Conferencia Internacional.

El objetivo de mi informe será explicar la dinámica actual en la región, por qué la estrategia del Eje de la Resistencia sigue destinada al fracaso y sentar las bases de cómo los comunistas pueden presentar un programa alternativo.

Hay algunos temas que no puedo abordar hoy, pero que son bastante esenciales para desarrollar un programa comunista para el Medio Oriente: a saber, el legado de la Primavera Árabe y la dinámica de la lucha de clases dentro de los centros industriales del Medio Oriente, Egipto, Türkiye e Irán. Sin embargo, debido tanto a las limitaciones de tiempo como al amplio alcance geográfico de la guerra de EE.UU. e Israel, me centraré sólo en la cuestión de la estrategia de resistencia de Irán, su red de aliados y la dinámica en el Levante.

Historia de la República Islámica de Irán

Antes de analizar la guerra actual, vale la pena repasar la historia de la República Islámica y su postura frente al imperialismo estadounidense para comprender cómo llegamos a la situación actual.

La Revolución Islámica siempre fue contradictoria. Una de las principales banderas del nuevo régimen era la oposición a EE.UU., pero también existía oposición al comunismo. Esto significaba que los métodos de resistencia contra EE.UU. irían en detrimento de la acción independiente de la clase obrera y los pueblos de la región. A medida que el régimen se aislaba de la economía mundial, se vio obligado a implementar reformas de tipo nacionalista de izquierda: nacionalizaciones, intervención estatal, prestación de servicios públicos, etc. Al mismo tiempo, libraba una guerra reaccionaria contra Irak, mientras masacraba al movimiento comunista, también con el beneplácito de los imperialistas.

Tras el fin de la guerra y la destrucción del movimiento obrero, el régimen no volvió a su orientación antiestadounidense, sino todo lo contrario. En combinación con las reformas neoliberales y la privatización, la década de los 90 y principios de los 2000 fueron una época de distensión entre EE.UU. e Irán.

A pesar de que el régimen iraní lanzaba continuas propuestas de reconciliación con Estados Unidos, éste no aceptaba nada que no fuera el restablecimiento total de su control sobre Irán. Sin embargo, aunque Bush Jr. declaró a Irán como un nodo del “Eje del Mal”, las milicias respaldadas por Irán en Irak seguían colaborando con la ocupación estadounidense combatiendo a Al Qaeda y, al mismo tiempo, utilizando milicias antisunitas para luchar contra la coalición estadounidense. Cuando EE.UU. comenzó a imponer sanciones a Irán debido a su programa nuclear, el régimen intensificó aún más su retórica antiestadounidense, lo que provocó una mayor escalada del régimen de sanciones estadounidense.

El “fin” de la paciencia estratégica y la guerra actual

Valla publicitaria en la Plaza de la Revolución, Teherán
Atta Kenare/AFP

Plaza de la Revolución, Teherán: el espectacular dice: “El Estrecho de Ormuz permanece cerrado.”

Lo que guió la nueva orientación de Irán hacia la resistencia fue su doctrina de la “paciencia estratégica”. Esto significaba permitir que EE.UU. intensificara su régimen de sanciones y el cerco del país, mientras Irán construía una economía autárquica y militarizada, financiaba milicias regionales y esperaba que la sobreextensión de Estados Unidos lo obligara a transigir. En resumen: si EE.UU. intensifica la presión, haz alarde de tus capacidades militares, pero no respondas con la misma intensidad. El único “éxito” que esta política le trajo al régimen iraní fue el acuerdo nuclear de 2015, que sacrificó el potencial de armas nucleares de Irán con la esperanza de un alivio a las sanciones que nunca llegó.

La paciencia estratégica siempre ha sido un fracaso, y esto no pudo verse con mayor claridad que después del 7 de Octubre. Irán no hizo prácticamente nada hasta que atacaron su embajada en Siria, y no llevó a cabo una respuesta seria hasta que el país sufrió un ataque a gran escala en la Guerra de los Doce Días.

Ahora los líderes iraníes anuncian que la era de la paciencia estratégica ha terminado. En un sentido muy formal y oficial, esto es cierto. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) no se está quedando de brazos cruzados. Atacó numerosas bases estadounidenses en la región y la infraestructura de sus vecinos pro EE.UU. e Israel. Pero si se analiza la estrategia detrás de estos ataques, en realidad se ve más de lo mismo. Aunque EE.UU. no ha logrado sus objetivos de guerra, ha podido marcar el ritmo del conflicto, mientras que los ataques de Irán han sido, en general, reactivos y no han supuesto una escalada.

La guerra se ha convertido en un enfrentamiento para ver quién capitulará primero. ¿Los precios mundiales del petróleo obligarán a Estados Unidos a aligerar las sanciones y ceder en el Estrecho de Ormuz, o la destrucción de su infraestructura civil e industrial obligará a Irán a darse por vencido?

Es cierto que el ejército iraní ha contraatacado con fuerza y que EE.UU. se encuentra en una posición muy difícil, incapaz de librar una guerra continua. Sin embargo, Estados Unidos ha dejado clara su estrategia: bombardear con fuerza, ceder formalmente en las negociaciones y luego bombardear de nuevo, y así sucesivamente. Después de cada intercambio de fuego, la economía estadounidense obtiene un respiro, mientras que la economía iraní permanece asediada como antes.

¿Qué se necesita para expulsar verdaderamente a EE.UU. del Medio Oriente? Una movilización de las masas en una guerra regional de liberación nacional y social. Pero la participación activa de las masas es precisamente de lo que carece la estrategia bélica del régimen, debido a su arraigada tradición de represión, parasitismo oligárquico y sectarismo. Y aunque la guerra es regional, se limita a donde Irán cuenta con aliados activos y organizados; no se ven en la región ni en el mundo las mismas manifestaciones masivas en defensa de Irán que se vieron en el caso de Palestina. Los únicos lugares donde esta guerra ha amenazado la estabilidad de regímenes reaccionarios son el pequeño reino insular de Bahrein y, en mucho menor medida, Jordania.

Dicho esto, ha habido movilizaciones masivas dentro de Irán en apoyo a la guerra. Paydari, la facción de línea dura del régimen, en gran medida está a la cabeza de estas movilizaciones. Su base social y su lugar dentro del régimen se apoyan en los especuladores de la guerra, aquéllos cuya riqueza está vinculada al financiamiento del CGRI. Por lo tanto, una parte significativa de la población los odia despiadadamente. Al mismo tiempo, a diferencia de los conciliadores reformistas, esta facción ha movilizado eficazmente la ira popular contra el imperialismo estadounidense y los conciliadores reformistas iraníes. En el funeral de Alí Jamenei, atacaron públicamente al ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, y al presidente del parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, por firmar el Memorando de Entendimiento con EE.UU. Gran parte de su retórica puede incluso parecer similar a lo que ha dicho la LCI al condenar la “paciencia estratégica” y la firma del acuerdo de alto al fuego con EE.UU.

Pero, ¿cuál es su papel? Retoman la ira popular existente contra el imperialismo y la canalizan de nuevo hacia el apoyo al régimen. Salen a las calles, lloran la muerte de Jamenei, piden solidaridad con el Líbano, denuncian a las monarquías árabes, pero luego expresan su apoyo al líder supremo y sus decisiones. Son una válvula de escape, y el régimen los utiliza eficazmente cuando no le cuesta nada, y los hace a un lado cuando quiere llegar a un acuerdo.

El hecho de que vinculen el antiimperialismo con un apoyo inquebrantable al régimen es especialmente dañino, ya que empuja a los sectores de la sociedad contrarios al régimen hacia un apoyo más abierto al imperialismo. Cuanto más sufra el pueblo iraní en esta guerra y cuanto más perciba a los radicales como incapaces de luchar contra los capituladores, más crecerá este sentimiento derrotista y pro imperialista.

No sólo eso, sino que tampoco tienen respuesta ante la destrucción económica de Irán. Abbas Araghchi participó recientemente en un podcast para justificar su firma del alto al fuego, alegando que, si bien Irán socavó los objetivos de Trump en las primeras semanas de la guerra, haber firmado el alto al fuego antes podría haber salvado la planta siderúrgica de Mobarakeh y más infraestructura. Obviamente, está redoblando su apuesta por la capitulación, pero al mismo tiempo, la dirección capituladora del régimen se apoya en un sentimiento muy real y popular de que continuar la guerra sólo significará más sufrimiento económico a largo plazo.

Líbano, Irak, Yemen y Palestina

Entonces, ¿qué está pasando en la región en general? En el Líbano, el aliado más cercano e históricamente más fuerte de Irán, el apoyo a éste enfrenta un mínimo histórico. El respaldo a Hezbolá se limita casi por completo a la comunidad chiíta, que representa un tercio de la población, así como a minorías de izquierda y nacionalistas entre las otras sectas. Ahora, el 58 por ciento de la población libanesa apoya el desarme de Hezbolá. Esto se debe a que toda su estrategia de resistencia ha estado ligada a su incorporación al estado libanés —absurdamente corrupto y sectario— y a su intervención en Siria, que resultó enormemente costosa y fallida. Cuando las masas libanesas salieron a las calles en 2019, Hezbolá sólo defendió al gobierno y tachó a los manifestantes de liberales occidentales pro imperialistas.

Esta guerra ha demostrado que la estrategia histórica de Hezbolá se ha desmoronado. Anteriormente, Israel se abstenía de lanzar ataques a gran escala contra Hezbolá, por temor a su respuesta. Después del 7 de Octubre y de la guerra de Irán, esto ha cambiado: aunque Hezbolá aún cuenta con importantes capacidades tácticas, esto no ha disuadido a Israel de llevar a cabo grandes bombardeos contra Dahiyeh —el bastión de Hezbolá en Beirut—. En cambio, lo que lo disuade son los misiles balísticos de Irán. Desde que Irán firmó el alto al fuego, Israel se ha abstenido de atacar Dahiyeh, pero ha continuado con sus ataques en el sur y sus provocaciones. Hezbolá no ha hecho nada para responder a éstos. La estrategia actual de Hezbolá para luchar contra el desarme parece basarse principalmente en sus centros de poder dentro del estado libanés, a la espera de una provocación por parte del gobierno para responder militarmente. El peligro de una guerra civil sectaria en el Líbano impulsada por EE.UU. e Israel es real, y Hezbolá no tiene más medios para combatirla que los militares, ya que su apoyo entre las masas se basa en la afiliación sectaria.

En Irak, el panorama es aún peor. La base de apoyo a Irán se limita a ciertos sectores del clero y a personas vinculadas a las milicias sectarias respaldadas por Irán. Irak tiene un nuevo primer ministro respaldado por Washington, pero que también cuenta con el apoyo de Irán. Éste se ha comprometido a desarmar a las milicias pro iraníes, que no gozan de gran popularidad. Irak también ha sido clave para aliviar la presión sobre los precios del petróleo al desviar las exportaciones del Estrecho y exportarlas a través de Türkiye hacia el norte. En el Kurdistán iraquí, Irán es ampliamente odiado, y su principal estrategia ha sido seguir bombardeando a los grupos kurdos iraníes con base en Irak hasta someterlos.

En Yemen, el panorama es un poco diferente. Los hutíes sufrieron un duro golpe tras su enfrentamiento con EE.UU. e Israel el año pasado, al perder a su primer ministro y la mitad de su gabinete en un ataque israelí. Al inicio de la actual guerra de Irán, no intervinieron. Pero esto ha cambiado: desencadenaron un nuevo enfrentamiento con Arabia Saudita y están pasando a la ofensiva contra las fuerzas respaldadas por ésta, mientras imponen un bloqueo al comercio saudí en el Mar Rojo. Sin duda, esto está causando tensión entre los saudíes y los estadounidenses, y pone de manifiesto la fuerza y la determinación de los hutíes. Dicho esto, los hutíes no están provocando el tipo de disrupción en el Mar Rojo que vimos hace dos años, y esta ofensiva no cambiará de manera decisiva el rumbo a favor de Irán.

En medio de todo esto, Palestina ha quedado completamente marginada y olvidada. Israel está ocupando más territorio en Gaza y aumentando el ritmo de los bombardeos, sin que haya respuesta por parte de Hamás. De hecho, Hamás sigue comprometido con el desarme y planea presentarse a las próximas elecciones palestinas con Mohammad Dahlan, un conocido representante de los Emiratos Árabes Unidos con estrechos vínculos con Israel y EE.UU. Hasta ahora, Israel se ha librado de cualquier ataque y de participar en la última ronda de enfrentamientos.

¿Podría perder Estados Unidos?

Hasta ahora, he presentado un panorama bastante negativo de la guerra, y a mi parecer la ventaja parece estar del lado de EE.UU. e Israel. Dicho esto, las posibles crisis derivadas de esta guerra podrían ser bastante significativas para Estados Unidos. El hecho de que haya tenido que firmar un alto al fuego con términos aparentemente positivos para Irán demuestra un cierto grado de agotamiento militar y económico. Tampoco es algo sin precedentes que falsos líderes nacionalistas logren victorias; el mejor ejemplo es el Partido del Congreso burgués de la India, que se puso a la cabeza de la independencia de la India respecto a Gran Bretaña debido a la enorme debilidad del Imperio Británico.

Pero no creo que estemos en esa situación, al menos no todavía. El imperio estadounidense está en declive: los costos de mantener su hegemonía están aumentando con esta guerra. Sin embargo, importantes debilidades obstaculizan la resistencia a EE.UU., como he demostrado. Además, Estados Unidos no se retirará simplemente del Medio Oriente sin luchar con todas sus capacidades. Es importante no dejarse llevar por los titulares y ver este conflicto en un arco histórico más amplio. A largo plazo, un Irán aislado no puede hacer frente al poder combinado de EE.UU. y todos sus aliados.

A corto plazo, EE.UU. hará todo lo posible para asegurarse de que Irán no sea una amenaza, ya sea forzando el colapso del régimen o comprando a una parte del mismo. También puedo imaginar una situación en la que Estados Unidos destruya la economía iraní lo suficiente como para que el alivio de las sanciones y los peajes que Irán cobra a los barcos en el Estrecho de Ormuz no compensen lo que se perdió en esta guerra. Pero más allá de eso, me abstendré de hacer predicciones. Más importante que las predicciones es aquello por lo que nosotros, como comunistas, luchamos en este momento.

Tareas

Nuestra tarea principal debe ser doble: primero, posicionarnos claramente en defensa de Irán y a favor de la derrota del imperialismo estadounidense. Debemos confrontar ideológicamente a los sectores de la izquierda que se niegan a adoptar esta postura. Con la izquierda iraní, debemos hacer lo mismo y decirle que se dirija a la clase obrera para impulsar una estrategia para la victoria de Irán.

Sin embargo, también debemos ser implacables al desenmascarar la estrategia sin salida del Eje de la Resistencia, específicamente de la facción de línea dura. Debemos decirle a las masas que los apoyan: ¿quieren derrotar a EE.UU. y luchar contra los capituladores? ¡Genial! Para hacerlo, ¡deben oponerse a la República Islámica y su líder supremo! La especulación con la guerra socava la lucha que sus líderes dicen querer impulsar: ¡pongan la industria bélica bajo el control de los trabajadores!

Como he mencionado antes, he limitado el alcance y la profundidad de este informe para enfocarme en la dinámica actual de la guerra, dada su importancia para el estado presente de la lucha de clases global. Al final, los puntos que he expuesto no constituyen un programa completo; desarrollarlo requerirá un estudio más profundo de la historia de la región, particularmente de la izquierda y la clase obrera, y del impacto que el periodo liberal tuvo sobre ellas. Sin embargo, espero haber demostrado que, en esta coyuntura, exponer la estrategia fallida de la dirección actual será clave para profundizar nuestro trabajo y nuestro impacto.