https://iclfi.org/spartacist/es/2026-desastre
En junio, dos terremotos sacudieron Venezuela, matando a miles de personas y dejando a Caracas y La Guaira en ruinas. Ahora, Colombia está sufriendo su propia catástrofe sísmica, mientras los equipos de rescate están sacando cuerpos de entre los escombros, como si décadas de conflicto armado e intervenciones imperialistas no hubieran desestabilizado lo suficiente al país. Los terremotos fueron desastres naturales, pero el derrumbe de escuelas y hospitales, así como la deficiente infraestructura de rescate, son obra del capitalismo y el imperialismo. Estas fuerzas crearon los cimientos ya de por sí inestables sobre los que se asientan las sociedades colombiana y venezolana, y estas fuerzas dictarán cómo y quiénes llevarán a cabo la reconstrucción.
Muchos en la izquierda y la prensa burguesa destacan la solidaridad y la perseverancia de estas dos naciones. Pero esto sólo lo mencionan ya que no tienen soluciones reales para los problemas que azotan a estas masas. Las masas de Venezuela y Colombia están cansadas de ser resilientes. Necesitan respuestas reales a los problemas que enfrentan en este momento, como: ¿Qué significa esta destrucción para Venezuela y Colombia? ¿Cómo serán las réplicas sociales? ¿Cuáles son los obstáculos para la reconstrucción? ¿Y por qué la reconstrucción debería basarse en la lucha tanto contra los imperialistas como contra las burguesías nativas?
Terremotos o imperialismo: ¿Cuál es la raíz de la catástrofe?
En Colombia, los medios informan sobre la catástrofe en ciudades como Pereira y Cali. Los daños allí son devastadores, pero de lo que el mundo apenas se entera es de la destrucción que azotó a Buenaventura y al Chocó, el epicentro del terremoto y el departamento más pobre del país. Tampoco es una casualidad. La racista clase dominante colombiana ha privado a la mayoría de la población negra, indígena y campesina de estas zonas de sus necesidades básicas y la ha convertido en blanco del conflicto armado que el imperialismo estadounidense instiga.
A los pueblos negros, indígenas y campesinos no sólo les preocupa la falta de atención de los medios, sino el hecho de que el gobierno colombiano no hará prácticamente nada para ayudarlos en medio de la destrucción. El presidente Abelardo de la Espriella visitó Buenaventura y regaló balones de fútbol con la inscripción “Defensores de la Patria” a ciudadanos que carecen de comida o agua. Es obvio en la sociedad colombiana que el acceso a lo básico depende de la posición social de cada uno; pero quién puede reconstruir también es una cuestión de clase. Y en el racista sistema neocolonial colombiano, profundamente atado al imperialismo estadounidense, siempre son las poblaciones negras, indígenas, campesinas y de clase trabajadora las que sufren privaciones, las que son oprimidas y masacradas.
Ya sea huyendo de la guerra civil, de las sanciones impuestas por el imperialismo o de un empobrecimiento devastador, tanto las masas colombianas como las venezolanas han buscado refugio en el territorio de la otra nación. Las sanciones que EE.UU. impuso a Venezuela para aplastar al régimen chavista provocaron que millones de venezolanos migraran a Colombia. Muchos más venezolanos buscan ingresar nuevamente a Colombia a medida que la vida en su país se vuelve cada vez más insoportable. Pero Colombia también se ve sometida a una gran presión. Con el cierre de seis aeropuertos y ciudades arrasadas, muchos colombianos se quedaron sin trabajo y los niños sin escuela. En el caso de Buenaventura y el Chocó, se prevé que el conflicto armado se intensifique, ya que las organizaciones paramilitares aprovecharán este momento como una oportunidad perfecta para apoderarse de tierras por la fuerza. Ésta es una receta para el desastre que hará que los colombianos huyan hacia la región norte en busca de seguridad y trabajo. Pero ciudades como Cartagena y Barranquilla ya enfrentan la presión de la falta de empleo, el empobrecimiento y la violencia de los cárteles. La llegada de una oleada de personas que compita por las migajas sólo aumentará el caos que ya existe en la costa y empujará a los colombianos hacia Venezuela, agravando su inestabilidad.
Los trabajadores deben dirigir el rescate y la reconstrucción
La inestabilidad económica, la violencia generada por la pobreza y los antagonismos existentes entre las poblaciones negra, indígena, campesina y de clase obrera, tanto en Colombia como en Venezuela, son una combinación con la que sueñan los imperialistas estadounidenses. En este momento, Washington ha hundido aún más sus garras en ambas naciones hermanas. Con Nicolás Maduro fuera y la llegada de Delcy Rodríguez, Estados Unidos ha tomado el control del país. Las sanciones han carcomido gran parte de la infraestructura venezolana, privando a los organismos de emergencia de una capacidad adecuada de rescate para los venezolanos. Ahora, Trump está negociando con Rodríguez una ayuda que someterá aún más a las masas venezolanas al dominio estadounidense.
Se está prometiendo la misma ayuda a Colombia, y con la elección de De la Espriella, los grilletes de la dominación colonial del país pesarán aún más. En las noticias, los funcionarios afirman que el tiempo de respuesta y los esfuerzos son mejores que los de Venezuela. Si bien hay algo de verdad en esta afirmación, no se debe al gobierno, sino a las masas que se organizaron rápidamente. ¿Cómo respondió el gobierno de De la Espriella? Movilizó al ejército en Cali como método de intimidación para recordarles a los colombianos que el estado tomará medidas enérgicas contra ellos incluso en sus momentos más vulnerables. Además de eso, De la Espriella rechazó los equipos de rescate ofrecidos por la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, sólo para aceptar la ayuda de EE.UU., Israel, El Salvador y Ecuador. ¡Los trabajadores y los oprimidos de ambas naciones deben luchar para expulsar a las tropas estadounidenses e israelíes!
Tanto a Rodríguez como a De la Espriella les importa un comino la clase trabajadora y los oprimidos. Su preocupación es vender ambas naciones para asegurar sus propias posiciones de clase privilegiadas en un sistema neocolonial, mientras Estados Unidos se aprovecha de los desastres en ambos países. Entonces, ¿qué deben hacer los trabajadores venezolanos y colombianos? En este momento, deben unir fuerzas para organizar a las masas y liderar los esfuerzos de rescate, socorro y los planes de reconstrucción. Ya estamos viendo los primeros indicios de esto, con las masas trabajadoras dando un paso al frente en la búsqueda de sus hermanos entre los escombros, puesto que ambos gobiernos han demostrado ser incompetentes.
El punto de que la clase trabajadora dirija estos esfuerzos es llevar la respuesta heroica de las masas más allá de los límites de la obligación moral y convertirla en una lucha contra las élites gobernantes locales y los amos imperialistas a quienes sirven. Son estas fuerzas reaccionarias las responsables de la inestabilidad y la violencia que precedieron a los terremotos. Ellas sólo volverán a empujar a las masas, que intentan salir a rastras de los escombros, de vuelta a la subyugación.
En Colombia, las movilizaciones de los trabajadores para la reconstrucción no se darían sólo en Cali, Pereira y Manizales, sino también en Buenaventura y el Chocó. Labores de socorro lideradas por la clase trabajadora para restaurar viviendas, el sistema de drenaje, la electricidad y las carreteras podrían ayudar a superar las divisiones que existen entre las poblaciones negra, indígena y campesina en esa región y en todo el país. En Venezuela también existen estas divisiones. Pero el hecho de que la clase obrera asuma la dirección de la lucha por la liberación nacional no sólo haría que estas divisiones se superaran, sino que también reavivaría la energía revolucionaria que el régimen chavista ha sofocado durante mucho tiempo.
Los esfuerzos binacionales de ayuda y reconstrucción dirigidos por la clase obrera serían el primer paso hacia una alianza antiimperialista de las naciones hermanas de la revolución bolivariana. Esto es lo último que querrían las élites gobernantes y los imperialistas, porque la unidad a través de las naciones de las masas trabajadoras y los pueblos oprimidos perturbaría sus ganancias y amenazarían sus intereses en la región.
El enemigo principal es el imperialismo de EE.UU.
La izquierda marxista en Colombia tiene razón al criticar a De la Espriella por su respuesta al desastre y por aceptar únicamente equipos de rescate de EE.UU. y otros gobiernos reaccionarios. Grupos como el Partido Comunista Colombiano (PCC) se oponen a De la Espriella citando favorablemente al expresidente Gustavo Petro, quien dijo: “Es un error poner un filtro ideológico a la ayuda internacional. La ayuda internacional es de la humanidad y por la vida y punto”.
Sí, los colombianos necesitan ayuda, pero la clase dominante colombiana y sus amos estadounidenses controlan estrictamente la lucha por la reconstrucción y las necesidades básicas. Para que las cosas avancen en una dirección positiva para las masas obreras, negras, indígenas y campesinas de Colombia, es necesario librar una lucha organizada tanto contra la élite dominante como contra el imperialismo estadounidense. Aunque Petro hablaba con retórica izquierdista, criticaba duramente a los amos coloniales y devolvió algo a los oprimidos (todas cosas buenas), nunca organizó al pueblo para librar una lucha contra los gobernantes imperialistas. Esto es algo que podría haber hecho fácilmente, ya que las masas salieron a las calles a protestar contra cada ataque estadounidense contra él y el país.
Las masas colombianas también demostraron su potencial cuando miles de personas se movilizaron contra el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro en enero. Pero en lugar de aprovechar esa energía revolucionaria e involucrar al resto de los trabajadores latinoamericanos, el partido de Petro acorraló esa fuerza en el marco de las elecciones y la contuvo allí.
En Venezuela ha habido protestas contra los bajos salarios y el hecho de que Rodríguez establezca una nueva relación con Trump y el imperialismo estadounidense. Ahora, existe indignación pública por la respuesta del gobierno ante el desastre. Grupos como Marea Socialista, en coalición con otras organizaciones de izquierda, han estado tratando de canalizar la ira popular organizando protestas tanto contra Washington como contra el gobierno. Esto es importante. Aunque partidos como Marea Socialista denuncian correctamente al imperialismo estadounidense, también denuncian a China como otra potencia imperialista y se oponen a su participación en Venezuela. Como escribieron en 2019: “No por confrontar al imperialismo norteamericano dejamos de oponernos a las políticas imperialistas de China y de Rusia, particularmente comprometidas en Venezuela...”.
Equiparar a EE.UU. con China es difuminar la distinción marxista entre un opresor imperialista y un estado obrero burocráticamente deformado. Estados Unidos es la potencia imperialista central del mundo capitalista, y sus sanciones, amenazas militares e intervenciones repetidas contra Venezuela sirven a Wall Street y la clase dominante estadounidense. Éste no es el caso de China. Eso no significa que la burocracia estalinista no tenga intereses en Venezuela y América Latina, ni que no debamos criticarla. Pero sean cuales sean los crímenes de su casta dominante, China no es una potencia imperialista capitalista y no ejerce dominación sobre Venezuela como lo hace Estados Unidos.
Esta posición tiene consecuencias prácticas inmediatas sobre cómo aliviar la devastación causada por los terremotos. Rodríguez se arrastra de rodillas ante Estados Unidos, argumentando que Venezuela no tiene más alternativa que pedirle ayuda a Washington para la reconstrucción. Pero existe una alternativa que podría brindar ayuda y contrarrestar la dominación estadounidense: la izquierda venezolana y las masas populares deberían pedirle a la República Popular China que brinde ayuda. Si bien la burocracia china no es benevolente, la ayuda de China se daría en mejores condiciones que cualquier trato con EE.UU. Los acuerdos de Rodríguez con Washington sólo reforzarán el control colonial sobre Venezuela. Recurrir a China puede contrarrestar el chantaje imperialista estadounidense. La exigencia debe ser: ¡China, envía ayuda a la Venezuela golpeada por el terremoto, sin condiciones! Al mismo tiempo, debemos exigir total transparencia sobre toda la ayuda extranjera y que las organizaciones obreras y las comunidades afectadas controlen su distribución.
Decir que China es una amenaza equivalente a Estados Unidos también oscurece la realidad concreta que enfrenta Venezuela y confunde las prioridades de los trabajadores y los campesinos revolucionarios. La tarea central es movilizarse contra la dominación colonial estadounidense. Por lo tanto, Marea Socialista y la izquierda venezolana deben rechazar la falsa equiparación de Estados Unidos con China y, en su lugar, enfocarse en oponerse al imperialismo estadounidense, al tiempo que exijan ayuda de China en términos que no comprometan la soberanía venezolana.
De la reconstrucción a la lucha antiimperialista
No hay ningún aspecto de la crisis social y del desastre natural que no toque al imperialismo estadounidense. Dejar de lado la lucha contra el imperialismo en el actual desastre y limitarse a ir contra la derecha sólo mantendrá intacto el statu quo colonial en Venezuela y Colombia. Esto también contribuirá a la ola de presidentes de derecha que están llegando al poder en América Latina y a mantener oprimidas a las masas. Vincular la lucha contra la élite gobernante a la lucha contra el imperialismo en el contexto de la reconstrucción no sólo tiene que ver con la soberanía de Venezuela y Colombia, sino que también aplica a otros países afectados por desastres naturales.
La lucha contra la dominación neocolonial en el continente también plantea la cuestión de la independencia de Puerto Rico, la principal colonia de Estados Unidos. Puerto Rico ha sido azotado por una crisis del agua que la clase dominante atribuye a una sequía. Si bien hay una sequía, lo que realmente está impulsando la crisis son las medidas de austeridad impuestas por La Junta, respaldada por el imperialismo, que ha arruinado la infraestructura y ha desangrado a Borikén. A la crisis del agua se suman los apagones, los ataques a la educación y la represión de los sindicatos. Todo es obra de los amos coloniales con la ayuda del gobierno puertorriqueño. Las masas boricuas han luchado contra la dominación imperialista durante más de un siglo y se sienten completamente abandonadas en su lucha por la liberación.
Parece que la izquierda latinoamericana ha dejado de lado la lucha por la independencia boricua, pero ésta es una lucha importante que hay que retomar. EE.UU. mantiene a Puerto Rico como colonia debido a su posición estratégica en el Caribe. EE.UU. ha utilizado a Puerto Rico como puesto de avanzada y campo de entrenamiento militar para invadir lugares como Venezuela, Haití, República Dominicana y, sobre todo, Cuba. Al poder extraer millones de las masas boricuas, los amos coloniales han podido financiar sus aventuras en la región, desestabilizar países e instalar presidentes títeres. Por eso, retomar la lucha por la independencia de Puerto Rico no es una cruzada moral, sino algo absolutamente necesario si toda la región latinoamericana quiere ser libre. Una alianza antiimperialista de las Américas, decidida a emprender la lucha por la independencia de Puerto Rico, es la única forma de poner fin a las luchas aisladas y unir a la clase obrera y las masas oprimidas.
Los terremotos en Venezuela y Colombia han puesto al descubierto la brutalidad cada vez más descarada del imperialismo estadounidense en América Latina. A Washington ya no le preocupa mantener la máscara liberal de la intervención humanitaria y la colaboración. Por el contrario, está utilizando la devastación como una oportunidad para profundizar su control económico, político y militar sobre la región. Debe quedar claro que la respuesta no puede ser reconstruir lo que existía antes, porque eso significaría reconstruir bajo las mismas condiciones que dejaron a millones de personas en situación de vulnerabilidad en primer lugar. Las masas deben luchar para reconstruir sus vidas, pero también deben luchar para construir un sistema completamente nuevo. Los trabajadores y los pueblos oprimidos de Venezuela y Colombia tienen el poder de organizar la ayuda y la reconstrucción en sus propios términos, pero deben vincular ese poder a una lucha más amplia contra las clases dominantes y los imperialistas que se benefician de su miseria.
De entre los escombros de estos desastres puede surgir una lucha unificada que trascienda las fronteras, una que conecte la lucha por la reconstrucción en Venezuela y Colombia con la lucha antiimperialista que liberará a América Latina, incluido Puerto Rico. La tarea no es pedirles a los oprimidos que sean más resilientes bajo el mismo sistema imperialista, sino organizarlos para derrotarlo.

