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https://iclfi.org/spartacist/es/45/europa
Traducido de Europe | Reaction & Impotence (inglés), Spartacist (English edition) No. 71 ,

El siguiente informe, presentado por el camarada Philipp Clyde, fue parte de un panel sobre diferentes regiones del mundo en nuestra IX Conferencia Internacional.

Impotencia al cuadrado

Después de que Trump asumiera la presidencia, los líderes de los países imperialistas europeos más poderosos —Alemania, Francia y Gran Bretaña— se autoproclamaron la “coalición de los dispuestos” para garantizar que Ucrania ganara la guerra. Pero estar dispuesto es una cosa, y ser capaz es otra. En los tres países vemos cómo se desarrolla una profunda crisis política ante el auge de la derecha. En Gran Bretaña ya tenemos a un Starmer 2.0; Andy Burnham está en el gobierno con Farage esperando su turno. Macron está a punto de irse y el canciller Merz pende de un hilo, en lo que ya es el gobierno alemán más impopular de la historia de la posguerra.

Para empezar, recordemos: ¿quién creó una Europa unificada y para qué? Fue Estados Unidos quien unió a la Europa Occidental capitalista contra la Unión Soviética, integrando a potencias como Alemania y Francia —enemigas acérrimas durante siglos— bajo el paraguas estadounidense. Tras la restauración capitalista, el hegemón estadounidense diseñó la UE como la herramienta ideal para el periodo de la globalización de las décadas de 1990 y 2000. Y hoy, una vez más, es Estados Unidos quien está presionando para reformar toda la arquitectura política de Europa a fin de que sirva a sus intereses.

Hoy, el imperialismo estadounidense necesita una Europa diferente: no una Europa liberal que enarbole la bandera del arcoíris y promueva el libre comercio para saquear el mundo, mientras Estados Unidos sale perdiendo económicamente y asume todo el gasto militar. Por el contrario, el imperialismo estadounidense necesita un lugarteniente fuertemente armado que reprima sin reparos a los obreros y a las naciones oprimidas, y que garantice que Europa se mantenga alineada con su objetivo estratégico de someter a China.

Ésta es la razón por la que Estados Unidos está presionando a los capitalistas europeos para que aumenten el gasto militar. Desde una perspectiva formalista, esto parece extraño: ¿por qué la potencia imperialista más fuerte exigiría a sus rivales más débiles que refuercen sus ejércitos? Por supuesto, como estrategas de clase, los gobernantes estadounidenses saben que una Alemania que luche por la dominación mundial no está en absoluto en el actual orden del día, ni lo estará en un futuro previsible.

Merz y Macron quieren presentar su gasto militar como autonomía estratégica. Pero seamos claros: en su gran mayoría, este rearme de Europa significa pagarle a los estadounidenses. ¡La semana pasada, Merz anunció con gran gusto que Estados Unidos finalmente le permitió a Alemania gastar millones en misiles de crucero Tomahawk! Estados Unidos está utilizando a la OTAN para presionar a sus aliados. Sí, los imperialistas europeos están fortaleciendo sus propias industrias armamentísticas, pero no para desafiar a Estados Unidos. Están asumiendo una mayor parte de los costos de mantener el control imperialista sobre el mundo, con Estados Unidos al mando.

Hablamos mucho del declive de Estados Unidos. Y es real. Pero también debemos ser conscientes de cuán decrépitas están las potencias de Europa Occidental. Alemania todavía tiene algo de industria, pero tanto ella como Gran Bretaña y Francia dependen económica y militarmente por completo de Estados Unidos: de los sistemas de pago que Estados Unidos controla y de las armas estadounidenses. Incluso cuando fabrican sus propias armas, necesitan tecnología estadounidense para hacerlas funcionar.

En esta situación, de nada nos sirve a los marxistas traer a colación citas de Lenin sobre la rivalidad interimperialista. No. Debemos ser concretos: ¡para defender a Irán en Alemania, hay que movilizar a los obreros contra la gigantesca base aérea estadounidense de Ramstein! Para luchar contra la militarización y la reintroducción del servicio militar obligatorio en Alemania, hay que oponerse a la OTAN, dominada por Estados Unidos, que está detrás de todo esto. Vemos que una lucha proletaria contra el imperio estadounidense no es, de hecho, una “capitulación” ante el imperialismo alemán, sino parte integrante de la oposición a éste.

La clase obrera gira hacia la derecha, la izquierda se aferra al liberalismo

A medida que Trump aumenta la presión, elementos clave de las clases dominantes de Europa buscan derribar el consenso liberal de las décadas anteriores. Pero no son sólo los capitalistas. Cada vez más obreros miran hacia la derecha. Ya sea Le Pen en Francia o la AfD en Alemania, los partidos de derecha cuentan con mayor apoyo entre los obreros.

Alemania se está convirtiendo, en muchos sentidos, en el punto focal del giro a la derecha en Europa. Durante años, Alemania fue el ejemplo a seguir de una globalización pacífica y progresista. No libró guerras a gran escala y, a mediados de la década de 2000, el país era la campeona mundial de las exportaciones, y le chupaba la sangre a los obreros a través del comercio. Esos tiempos ya pasaron. El modelo de negocios de los imperialistas alemanes se ve acorralado por todos lados: por el corte del acceso a la energía barata rusa, por los aranceles estadounidenses y por el gigante industrial chino. Esto no les deja a los capitalistas alemanes otra opción que atacar a la clase obrera y destruir su propia base industrial. La desindustrialización se está acelerando en los dos pilares fundamentales de la industria alemana: la química y la automotriz. Así, Volkswagen acaba de anunciar un plan para recortar cien mil puestos de trabajo al nivel internacional.

Durante décadas fueron el SPD, con el apoyo y la cobertura de los burócratas sindicales, y Die Linke [Partido de Izquierda] quienes impulsaron los ataques contra los obreros. Esto generó una espantosa espiral descendente: los sindicatos perdieron afiliados de manera masiva, la izquierda está cada vez más desacreditada y la AfD se presenta como el único partido antiestablishment fuerte.

La única esperanza que propaga Die Linke es el frente popular contra la AfD, el Brandmauer (“muro cortafuegos”). Die Linke anunció recientemente que apoyaría a un gobierno de la CDU para mantener fuera a la AfD…¡y, de manera desastrosa, el Partido Marxista-Leninista de Alemania estuvo de acuerdo! Por supuesto, el que los izquierdistas se aferren a políticos capitalistas como barrera contra la derecha ya es una admisión de su propia impotencia. La izquierda se ha aferrado al liberalismo durante décadas y ahora no quiere ver los resultados de este callejón sin salida.

Nuestra primera tarea clave es luchar para fortalecer la posición defensiva de los obreros frente a los ataques que se avecinan. Un elemento crucial de esto es librar una lucha tajante dentro de la izquierda para encarar la realidad de frente y para abrirles los ojos a los izquierdistas ante la completa quiebra de la política liberal que ha empujado a tantos obreros hacia la derecha.

Tanto en las próximas elecciones presidenciales de Francia como en las de Alemania, debemos luchar por romper los frentes populares contra la derecha sobre una base de clase; no simplemente proclamando lo mala que es la colaboración de clases, sino a través de propuestas concretas de lucha que puedan superar las divisiones en la clase obrera. Un ejemplo es nuestra iniciativa en Francia por una campaña trotskista unida que aproveche las contradicciones de Mélenchon impulsando sus posiciones más izquierdistas para desenmascararlo y romper su hegemonía sobre la izquierda. En Alemania, buscamos construir una corriente anti-OTAN en el movimiento obrero, en oposición a la dirección de Die Linke.

Guerra en Ucrania: Sólo la unidad proletaria puede derrotar al imperialismo

Funeral de soldados ucranianos en Járkov
Kostiantyn Liberov/Libkos

Funeral de soldados ucranianos en Járkov, 8 de enero.

Tengo que hablar de la guerra en Ucrania: ésta será decisiva para Europa. Quizás esperábamos que la victoria de Rusia llegaría antes, pero la dinámica fundamental de la situación es clara. Rusia está desgastando lentamente al ejército ucraniano, mientras que Ucrania, acorralada, parece estar entrando en una crisis política más prolongada. De hecho, la derrota militar de Ucrania en desarrollo la está llevando a depender más de los imperialistas y a lanzar ataques cada vez más descabellados contra Moscú y contra Crimea. Toda la situación pone de manifiesto, con toda claridad, que, bajo el régimen actual, toda la soberanía ucraniana se le vende a la OTAN y que el país libra la guerra para someterse aún más a la OTAN. Esto es, de hecho, lo que significa el apoyo a Ucrania en la guerra.

Sí, obviamente Rusia ataca la soberanía y la libertad de Ucrania. Pero la forma en que el gobierno ucraniano conduce actualmente la guerra, actuando como peón de la OTAN, garantiza la máxima hostilidad por parte de la población rusa y, de hecho, socava y pone en peligro la lucha por la libertad de Ucrania. Como hemos insistido desde el principio, en esta situación, los comunistas deben rechazar el apoyo tanto a Ucrania como a Rusia. Debemos luchar por la libertad de Ucrania mediante una ruptura con toda la estrategia pro OTAN del gobierno ucraniano. Al mismo tiempo, debemos desenmascarar cómo la invasión de Ucrania por parte de Putin, supuestamente para defender a Rusia de la OTAN, en realidad le hace el juego a los imperialistas y debilita la lucha contra la OTAN. Sólo así podremos impulsar una estrategia revolucionaria, proletaria y antiimperialista común que pueda unir a los trabajadores de la región contra el imperialismo estadounidense y la OTAN.