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A continuación presentamos un fragmento de la presentación que dio el camarada Tom C. en un encuentro internacional de amigos y simpatizantes obreros de la LCI.

Bienvenidos, camaradas. Es inusual e importante contar con un encuentro de trabajadores comunistas de diferentes continentes y naciones. Éste nos brinda la oportunidad de discutir nuestras tareas dentro de la clase obrera y los sindicatos, no sólo en términos elevados de nuestro objetivo revolucionario final, sino en formas concretas que nos acerquen a ese objetivo. Hoy queremos analizar seriamente las condiciones actuales de la clase obrera, nuestros propios objetivos y tácticas, los retos que enfrentamos y cómo dar pasos significativos hacia adelante.

Sabemos por experiencia directa que ha habido un giro drástico hacia la derecha en el mundo, no sólo en la política burguesa, sino también en el estado de ánimo y la mentalidad de muchos trabajadores. En medio de esto, necesitamos entender qué está pasando y por qué. Igualmente importante es que nosotros, como trabajadores comunistas, sepamos cuál es nuestra posición y qué podemos hacer de manera realista en este momento, tanto individual como colectivamente, en el trabajo y en los sindicatos. No sólo debemos sobrevivir en la industria, sino también ganar autoridad política y generar apoyo para nuestro programa revolucionario. Queremos atraer a los trabajadores más avanzados a nuestra causa, para construir un movimiento obrero combativo y un partido revolucionario. Nuestras metas son enormes, pero nuestras fuerzas son minúsculas. Nuestros compañeros de trabajo suelen mostrarse indiferentes, recelosos o incluso hostiles ante nuestras ideas. Obviamente, esto puede ser una fuente de desmoralización y desesperación, y debemos abordar eso de manera consciente.

Eso es lo que hacía James P. Cannon en 1932. Le preocupaba que la vanguardia se agotara y se desmoralizara y que, tal vez, no pudiera manejar el movimiento real cuando estallara. En un periodo igualmente sombrío, ofreció este consejo:

“Los trabajadores comunistas no son la clase obrera. Son sólo su sector consciente y, en la actualidad, en Estados Unidos son un sector pequeño y numéricamente insignificante. Los trabajadores comunistas por sí solos no pueden librar verdaderas batallas de clase. Su función es luchar junto a los trabajadores y en sus primeras filas. La tarea de los comunistas en este momento es preparar a los trabajadores para las luchas venideras. El eje de esta tarea es el ‘trabajo paciente de explicación’; de agitación y propaganda para ganar a los trabajadores a la causa de la lucha. No hay sustituto para esta tarea prosaica y no hay forma de saltársela”.

—James P. Cannon, “La amenaza de la ilegalidad”, Militant (19 de marzo de 1932)

El trabajo paciente, eso es lo que hicieron los trabajadores trotskistas. Lo hicieron allí donde se encontraban trabajando, a menudo no por elección sino por necesidad, en una pequeña y peculiar industria (depósitos de distribución de carbón) y en una ciudad muy hostil hacia los sindicatos (Minneapolis). Al hablar con sus compañeros de trabajo tras el inicio de la Gran Depresión, deben de haber utilizado una frase sencilla pero esencial innumerables veces: “Oye, mantengámonos en contacto”. Y así lo hicieron, ofreciendo análisis político marxista, un programa y consejos prácticos.

Se convirtieron en la verdadera dirección de algo poco común pero muy anhelado: un sindicato realmente combativo. Y cuando las condiciones maduraron, aprovecharon la oportunidad. Las huelgas de 1934 que dirigieron formaron parte de la gran ola de lucha de clases que condujo a la formación de sindicatos industriales en Estados Unidos. Estamos muy lejos de ese punto en este momento, pero la marea histórica volverá a cambiar, y queremos estar preparados tal como lo estuvieron los trotskistas de Minneapolis. Puede que las cosas estén muy mal ahora, pero las cosas cambian. Cuando lo hagan, los trabajadores que te dieron su confianza luego de un simple “oye, mantengámonos en contacto” podrían convertirse en tus compañeros de trabajo más combativos o, con suerte, en tus compañeros de lucha.

A pesar de este mal momento, lo que hacemos es importante y nuestros compañeros de trabajo lo recuerdan. Una de las cosas que me mantiene en pie es recordar los momentos en que vi desatarse la enorme combatividad reprimida y la energía creativa de mis hermanos y hermanas del transporte público, algunos de los cuales antes consideraba irremediablemente egocéntricos y retrógrados. He visto a compañeros de trabajo negros, blancos, latinos y asiáticos furiosos tanto con los patrones como con los dirigentes sindicales, listos para abandonar el trabajo si tan sólo el sindicato les diera una señal de que los respaldaría. Y cuando esa señal llegó, los he visto salir y formar piquetes por millares en medio del frío glacial.

Permítanme concluir con una observación de la reciente moción de la conferencia de la SL/U.S.: “Todo lo que hagamos ahora importa, independientemente de la respuesta inmediata. Al establecer un historial en las luchas de hoy, atraeremos a elementos de vanguardia a medida que nos demos a conocer más ampliamente. Es sobre la base de este trabajo que podemos aspirar a construir una corriente revolucionaria dentro de la propia clase obrera cuando cambie la situación objetiva”.