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Revueltas masivas están sacudiendo Irán. La grave situación económica y la ira creciente contra el régimen islámico han llevado a las masas a las calles. Los manifestantes se han enfrentado a una represión brutal. Tanto dentro como fuera del país, muchos predicen que los días del ayatolá Jamenei están contados. En Washington y Tel Aviv, los belicistas imperialistas salivan ante la perspectiva de un “cambio de régimen” y han amenazado con una intervención militar directa. Mientras tanto, Reza Pahlavi, hijo del odiado Sha derrocado en 1979, se abalanza para aprovechar la situación con la bendición de Estados Unidos e Israel.
A las masas iraníes no les faltan razones para levantarse con furia. El despótico régimen islámico debe ser derrocado. Pero la ira del pueblo, por legítima que sea, no debe cegarnos ante el hecho de que quién derriba el régimen y qué lo sustituye es de vital importancia. La verdad es que si el régimen no es sustituido por el poder de la clase trabajadora, será sustituido por un títere pro estadounidense que venderá el país y aplastará a su pueblo.
Por eso la izquierda comunista debe constituir un polo separado dentro de la lucha, un tercer polo, opuesto al imperialismo extranjero, a Israel y a todos sus agentes, y comprometido con derrocar a la República Islámica con un programa obrero antiimperialista. A falta de esa alternativa, la única respuesta coherente al régimen es la de la oposición pro imperialista, incluida la monarquía Pahlavi, cuyo regreso significaría literalmente dar marcha atrás a la rueda de la historia.
Debemos luchar contra Estados Unidos
De frente a una inflación superior al 70% en alimentos, estantes vacíos y una camarilla gobernante en bancarrota, muchos han llegado a pensar que la acomodación al imperialismo occidental no sólo sería un mal menor, sino la forma de aliviar inmediatamente la economía afectada por las sanciones. Se trata de una ilusión peligrosa. Ceder ante el opresor siempre conduce a más miseria.
A Estados Unidos e Israel sólo les importa mantener su dominio sobre la región y no les importa el destino de la población. Basta con mirar a Siria, Libia, Irak, Afganistán y Palestina. En todos los lugares en los que Estados Unidos e Israel han intervenido para llevar la “libertad”, han devastado sociedades enteras y destruido su tejido social. Irán no será una excepción.
No se puede ocultar que el régimen islámico utiliza precisamente estos argumentos para acallar cualquier disidencia y oposición. Se presenta como la única barrera contra el saqueo del país y tilda a todos los opositores de agentes sionistas. Como resultado, muchos dan hoy la espalda al programa antiimperialista, pensando que los sitúa en el mismo bando que el régimen. Ésta es una conclusión errónea. El ayatolá tiene razón al afirmar que Estados Unidos e Israel quieren convertir a Irán en un nuevo Irak. Sin embargo, esto no significa que las masas deban apoyar al ayatolá.
De hecho, el antiimperialismo es esencial para luchar contra el régimen. El que las principales voces que se oponen al ayatolá provengan de los pro imperialistas y sionistas sólo ha servido para prolongar la tiranía de los mulás. Esto, una vez más, pone en riesgo de descarrilar el levantamiento popular.
Debemos luchar contra el régimen
Entre los militantes pro palestinos en Irán y al nivel internacional, muchos denuncian las protestas como una conspiración sionista. Partiendo del sentimiento correcto de apoyar a los pueblos oprimidos del Medio Oriente contra el imperialismo, defienden erróneamente la tiranía de los mulás.
Es simplemente falso que las protestas actuales sean obra de agentes extranjeros. Millones de personas en Irán odian el brutal régimen islámico, definido por el oscurantismo religioso y la opresión de las minorías nacionales, los jóvenes, las mujeres y los trabajadores. Equiparar el antiimperialismo con el apoyo al gobierno sólo le da mala fama. Las mujeres de Irán no se dejarán convencer de que deben aceptar su situación actual en nombre de Palestina. Tampoco las masas que viven en la miseria tolerarán la corrupción generalizada y los privilegios de la élite y el clero.
Además, lo que niegan los defensores del régimen es que la estrategia de Irán contra Israel ha sido un desastre total. Irán trató de crear fuerzas sucedáneas que podrían cambiar gradualmente el equilibrio de fuerzas en la región. Pero, ante la rabiosa ofensiva sionista, Irán no supo reaccionar con decisión. Se aferró a su estrategia de “hervir lentamente a la rana israelí”, incluso cuando Israel asestaba un golpe devastador tras otro al Eje de la Resistencia, desde la decapitación de Hezbolá hasta el derrocamiento del régimen de Assad. El fracaso de la doctrina de la “paciencia estratégica” quedó finalmente demostrado cuando Estados Unidos e Israel llevaron la guerra a Irán.
La verdad es que para derrotar realmente a Estados Unidos e Israel se requiere una estrategia completamente diferente, basada en la unidad de todos los pueblos de la región en una lucha común por su liberación.
Una alternativa real para las masas
Las masas se enfrentan a la disyuntiva entre un monarca respaldado por Estados Unidos y un régimen odiado. Es necesario construir otra alternativa en oposición directa a esos dos callejones sin salida. Los comunistas de Irán deben presentar un programa independiente:
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¡Abajo la República Islámica! Las masas tienen razón al luchar por el fin del régimen. Los revolucionarios deben ponerse a su lado y oponerse a la represión.
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¡Oposición incondicional al Sha y sus agentes! Irán no necesita un nuevo dictador. Debemos enfrentar y derrotar a los partidarios de Pahlavi.
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¡No a la rendición ante Estados Unidos! ¡Unamos al Medio Oriente contra la tiranía imperialista-sionista! No puede haber libertad mientras Estados Unidos e Israel dominen la región. Sólo la lucha de masas puede romper el régimen de sanciones.
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¡Liberación nacional de Palestina! ¡Autodeterminación para los pueblos oprimidos de Irán! La unidad de los oprimidos sólo puede forjarse en oposición a toda opresión nacional.
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¡Abajo la imposición del velo! ¡Por la liberación de las mujeres! Basta ya de pisotear los derechos de las mujeres. Deben estar a la vanguardia de la lucha por la liberación.
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¡Nacionalización de las propiedades del régimen y del clero! No más privilegios. Es necesaria una redistribución masiva para llevar un alivio inmediato a las masas y unirlas contra los buitres imperialistas.
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¡Por un gobierno obrero! Sólo un gobierno basado en el pueblo trabajador de Irán puede traer la verdadera libertad.

