https://iclfi.org/spartacist/es/2026-jamenei
Muchos celebran la muerte de Alí Jamenei, líder supremo de Irán. Fue asesinado en su recinto (junto con miembros de su familia) por ataques estadounidenses e israelíes. El problema es que el abanico de quienes festejan es bastante amplio: desde Netanyahu, Trump, Reza Pahlavi y la diáspora monárquica en Occidente, hasta los liberales respetables, amplios sectores de progresistas iraníes unidos por el movimiento Mujer, Vida, Libertad y algunos izquierdistas. Lo que une a todas estas fuerzas dispares, en el fondo, es el júbilo por la muerte del “dictador”.
Aclaremos algunas cuestiones básicas: el asesinato del ayatolá a manos de Estados Unidos e Israel no es motivo de alegría. Sí, tenía las manos manchadas de sangre, no sólo por el levantamiento de Dey (entre finales de diciembre y mediados de enero del calendario occidental), sino también por las decenas de miles de comunistas e izquierdistas que él y su predecesor masacraron después de 1979. Desde el punto de vista de un amplio sector de las masas iraníes, Jamenei era efectivamente un dictador. Los comunistas no apoyamos el régimen de los mulás. Pero cuando el país es atacado por el imperialismo, tomamos partido. Ese lado es con Irán, contra Estados Unidos e Israel.
No se trata de meras palabras o consignas, sino que tiene consecuencias materiales y prácticas: significa estar a favor de la victoria de Irán sobre los imperialistas y los sionistas y en contra de su debilitamiento a manos de los agresores. Cualquier socialista sobre el terreno y, de hecho, todos los que quieran liberar a las masas iraníes están obligados a luchar del lado de Irán para lograr estos objetivos.
El asesinato del ayatolá debe verse dentro de este marco, y desde este punto de vista no hay nada que celebrar. No se trata de una cuestión moral, sino de una lucha política. La República Islámica ha sido un problema para los planes de Estados Unidos e Israel en la región desde 1979. Jamenei, como su arquitecto central durante 36 años, definió su orientación general y fue uno de los principales líderes del Eje de la Resistencia. Por lo tanto, era una encarnación central del problema para los imperialistas. Así que lo mataron, como parte de su plan más amplio para eliminar a la República Islámica como obstáculo a sus objetivos. No fue eliminado por una lucha independiente de las masas, sino por los carniceros de Gaza. Su muerte, por lo tanto, favorece los objetivos de los imperialistas y los sionistas. Pensar lo contrario es ser voluntariamente idiota.
Pero muchos están siendo idiotas voluntariamente. Para entender esto, debemos examinar la gama de todos los que celebran la muerte de Jamenei. En un extremo está la máquina de muerte imperialista/sionista, que justifica en parte su agresión con palabrería sobre ayudar al “pueblo iraní” a levantarse contra el régimen. Los liberales occidentales, como es habitual, de repente se olvidan de que odian a Trump y asienten con aire santurrón, repitiendo como loros la propaganda de sus propios gobiernos sobre el malvado y autoritario ayatolá.
Y aunque muchos progresistas e izquierdistas iraníes se oponen a la guerra y denuncian a los imperialistas y los sionistas por bombardear escuelas, pasan por alto el hecho de que fueron literalmente las mismas fuerzas de la muerte y las mismas bombas las que también mataron a Jamenei. Esto no parece importarles, ya que celebran su muerte. ¿Por qué? Una vez más, porque Jamenei era un dictador, así que ¡qué bueno que se fue! Están tan consumidos por su odio hacia la República Islámica y tan exasperados por su deseo de deshacerse del régimen que no les importa que sean las fuerzas genocidas las que asesinen a sus líderes. Dan un suspiro de alivio, lamentando sólo que el ayatolá no haya rendido cuentas ante el pueblo.
Y luego están esos diletantes de la izquierda que son incapaces de ver la diferencia entre una potencia imperialista que causa estragos en todo el mundo y un país capitalista autoritario y teocrático oprimido por el imperialismo. Enterrando esta distinción leninista fundamental, se suben a este miserable carro, denuncian a ambas partes como belicistas y aplauden la muerte del dictador mientras gritan “no a la guerra, sí a la guerra de clases”. Algunas organizaciones, como el Partido Comunista Obrero de Irán, cruzan completamente la línea, culpando a los 47 años de existencia de la República Islámica de provocar la agresión estadounidense-israelí.
La situación actual es un problema. Debemos ser francos con todos los progresistas, los izquierdistas y los antimonárquicos iraníes que no quieren que su país sea bombardeado, pero que se alegran de los golpes contra el régimen: al aplaudir la muerte de Jamenei en el contexto actual, se colocan en el bando de Trump y Netanyahu. Entendemos el dolor, la ira, la impotencia y el agotamiento que sienten. Pero sí importa cómo luchas contra el régimen.
Para luchar de manera eficaz, deben socavar la fuente de poder del régimen, es decir, su atractivo como fuerza opositora al imperialismo y al sionismo. Este atractivo persiste, a pesar de haberse erosionado internamente en el último periodo. Persiste porque el país y toda la región se caracterizan por su sometimiento al imperialismo. Desde el cambio de régimen respaldado por Estados Unidos en el Irán del siglo XX hasta Palestina, Irak, Libia, Siria y Afganistán, la devastación imperialista une a capas enteras de las masas a fuerzas antiimperialistas. Al celebrar la muerte del ayatolá, empujan a estas capas aún más hacia los brazos del régimen, fortaleciéndolo en lugar de debilitarlo. Basta con ver las enormes protestas tras la muerte de Jamenei, desde la plaza Enghelab en Teherán hasta Cachemira, Pakistán, Irak y Nigeria. Para socavar este atractivo, deben convertirse en los líderes de la lucha antiimperialista y fusionarla con la lucha por liberar a las mujeres, las nacionalidades oprimidas y las masas trabajadoras de Irán de las garras del imperialismo.
Por qué la izquierda no debe guardar luto por la muerte de Jamenei
La muerte de Jamenei cristaliza el problema de la izquierda internacional en lo que respecta a Irán. En oposición a la tendencia jubilosa, la otra parte llora al “mártir”. Esto incluye muchos matices del movimiento pro palestino en el Medio Oriente, como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y otros “campistas”. Por ejemplo, en su obituario de Jamenei, el FPLP escribe: “Nos despedimos de este luchador revolucionario” y “afirmamos que su fallecimiento representa una pérdida para las fuerzas de la resistencia global que buscan romper la hegemonía estadounidense y liquidar el proyecto sionista”.
Esta perspectiva es totalmente errónea. Sí, Irán es una espina en el costado de Estados Unidos e Israel. Pero su estrategia entera no consiste en “liquidar el proyecto sionista” ni en “romper la hegemonía estadounidense” en la región, sino en cambiar gradualmente el equilibrio de fuerzas “hirviendo lentamente a la rana israelí”. Basta con mirar a Palestina: Irán no actuó de manera decisiva para detener el genocidio. ¿El resultado? Los principales líderes del Eje de la Resistencia fueron asesinados con relativa facilidad por Israel. Luego, Irán fue golpeado en la Guerra de Doce Días y ahora está siendo bombardeado de nuevo. Incapaz de desafiar de manera decisiva a los imperialistas, pero aún así representando un problema considerable, Irán ha sido lentamente asfixiado por las sanciones imperialistas. Incapaz de ofrecer una solución a ese problema, recurrió a una escalada represiva y masacró a miles de personas que se levantaron para protestar por el deterioro de sus condiciones.
Éstos no son elementos de una estrategia antiimperialista ganadora, sino de una perdedora. Esto se debe a que el “antiimperialismo” de los mulás se basa en mantener su propio dominio privilegiado y represivo. Mientras tanto, impiden la lucha unida de las masas. ¿Por qué? Porque ello desafiaría su propio dominio. La estrategia de los ayatolás, de hecho, acepta las divisiones religiosas y nacionales que mantienen débiles a las masas y felices a los imperialistas. Esto es cierto tanto en el frente interno como en la región, y en última instancia convierte al régimen de los ayatolás en un obstáculo para liquidar al sionismo y romper la hegemonía regional estadounidense.
La muerte de Jamenei es objetivamente un golpe contra Irán en la guerra con Estados Unidos e Israel, las dos fuerzas más sanguinarias del planeta en la actualidad. No es motivo de celebración, pero tampoco de luto. Desde 1979 hasta hoy, el principal problema de la izquierda ha sido cómo desafiar eficazmente a los mulás. Aquélla ha oscilado entre denunciarlos por completo y apoyarlos en la lucha contra el imperialismo. Esta polarización está creciendo dentro de la propia sociedad iraní. Para avanzar, es necesario salvar esta brecha y unir a las masas. Para que esto suceda, ambas tendencias deben superar sus respectivos fracasos y fusionar la tarea de defender a Irán con la de liberar a las masas. No repitamos los fracasos del pasado, aprendamos de ellos, sin importar qué tan difícil sea emocionalmente, y apliquemos esas lecciones para cambiar la realidad actual.

