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Tras seis meses en el cargo, el presidente Rodrigo Paz, títere de EE.UU., se enfrenta a una revuelta de masas que lucha por su renuncia. En las últimas semanas, las protestas, los bloqueos y las huelgas de mineros, campesinos, maestros, sindicatos del transporte y otros sectores de la sociedad se han extendido como reguero de pólvora en oposición a los ataques del gobierno contra las condiciones de vida y su intento de vender los recursos del país a los imperialistas. Paz y su camarilla primero hicieron algunas concesiones y luego desataron una sangrienta campaña de represión, lanzando a la policía y el ejército para aplastar los bloqueos y a los manifestantes.

En un intento por decapitar el movimiento, el gobierno ha emitido órdenes de arresto contra Mario Argollo, líder de la Central Obrera Boliviana (COB), Bernabé Gutiérrez Paucara, líder de la organización campesina Ponchos Rojos, así como otros. Esto se suma a la campaña de meses para encarcelar al expresidente Evo Morales bajo cargos de tráfico de personas y abuso sexual de menores. Sea cual sea la verdad de estas acusaciones, es obvio que los imperialistas estadounidenses están directamente detrás de ellas. Quieren hacerle a Morales lo que le hicieron a Maduro en Venezuela: aplastar de una vez por todas a los trabajadores y los campesinos de Bolivia y abrir el país a la explotación desenfrenada de sus vastos recursos naturales. Corresponde a las masas bolivianas juzgar a sus dirigentes, no a Estados Unidos y sus títeres. ¡Condenamos esta represión y exigimos que se retiren todos los cargos!

¡Saludamos la heroica lucha de los trabajadores y los campesinos bolivianos! Una vez más se están ganando su lugar legítimo como vanguardia del movimiento antiimperialista en el continente. Una lucha exitosa para derrocar al odiado gobierno de Paz y derrotar su campaña de represión asesina sería un duro golpe para los imperialistas yanquis. Podría detener la marea derechista en todo el continente y encender una lucha más amplia contra el control cada vez más fuerte de EE.UU. sobre América Latina. De hecho, los títeres de EE.UU. recientemente elegidos —en Argentina, Chile, Ecuador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Paraguay y Perú— han declarado su apoyo a Paz. Por lo tanto, lo que está en juego en Bolivia no es sólo el destino de los trabajadores y los campesinos de ese país, sino el de todas las masas oprimidas de América Latina.

Es urgente que el movimiento se coordine y no caiga en los intentos del gobierno de debilitarlo mediante concesiones a uno u otro sector. Existe un peligro real de que esto suceda. El gobierno ya ha anunciado un acuerdo con una parte de los mineros. Algunas pequeñas y medianas empresas, incluyendo sectores de campesinos y cooperativas de trabajadores, están presionando por la moderación, ya que los bloqueos de carreteras les impiden llevar sus productos al mercado. El gobierno también está tratando de manipular la ira de los trabajadores informales para fracturar el movimiento. Esto es el clásico “divide y vencerás”.

El movimiento no puede permitir que líderes que buscan un acuerdo con Paz y las fuerzas de la reacción decidan su destino, ya sea en la COB, el Movimiento al Socialismo (MAS) o las organizaciones campesinas. Hay que formar comités para tomar las riendas de la situación, a fin de evitar acuerdos por separado e imponer la voluntad de las masas. Esto también es necesario para llegar a los sectores informales y mostrarles que la lucha de los trabajadores y los campesinos es también la suya. Es crucial resistir cualquier intento de desarmar a las masas, así como apelar a las bases del ejército que el gobierno está movilizando.

El peligro que se avecina es real. Desde hace décadas, el poderoso movimiento de trabajadores, campesinos y pueblos indígenas ha sido una espina clavada en el costado de EE.UU. y sus lacayos bolivianos. Si bien la elección de Paz dio esperanzas a Estados Unidos y a la clase dominante de que las masas podrían ser aplastadas por medios “legales”, la agitación actual demuestra que esto ha fracasado. La lucha de clases se encuentra ahora en un punto muerto: la clase dominante no puede gobernar y Paz es ampliamente odiado, pero las masas oprimidas tampoco tienen el poder. Asesorados por Washington, la burguesía y los generales buscarán actuar contra las masas de manera mucho más brutal y violenta, como lo han hecho en múltiples ocasiones a lo largo de la historia de Bolivia.

Si bien existe un sentimiento considerable a favor de defender a Morales contra el gobierno pro yanqui de Paz, ni él ni el MAS (el partido que ayudó a fundar) tienen solución alguna a la crisis en Bolivia. Durante décadas, el MAS alimentó la ilusión de que se podían atender los intereses de las masas y el país sin una ruptura radical con las clases propietarias blancas y sus amos imperialistas. Pero esto sólo sirvió para desmovilizar al pueblo, al mismo tiempo que permitió que las fuerzas de la reacción levantaran cabeza. Ahora, con Estados Unidos decidido a aplastar cualquier resistencia popular en América Latina, y con Bolivia profundamente sacudida por una crisis económica, cualquier ilusión de conciliación, de una resolución pacífica del conflicto fundamental entre las masas y el imperialismo, es suicida. Las masas deben actuar de manera decisiva contra la clase dominante y marchar hacia un gobierno de obreros y campesinos. La alternativa sería la dictadura descarada de Estados Unidos y la burguesía.