https://iclfi.org/spartacist/es/2026-falacia
Publicamos a continuación una contribución de la LCI a la Reunión de Fuerzas Internacionalistas prevista para mayo.
Desde que Trump volvió al poder, ha impuesto aranceles a la mayor parte del mundo, ha bombardeado Irán, ha bombardeado Nigeria, ha apoyado el genocidio en Gaza, ha secuestrado al presidente de Venezuela, ha amenazado a México, Groenlandia y Colombia (por nombrar sólo algunos) y está literalmente matando de hambre a Cuba. Mientras escribimos estas líneas, Estados Unidos e Israel están bombardeando Irán, amenazando con una guerra a escala aún mayor. Y ahí está China, enfocándose en vender vehículos eléctricos y paneles solares baratos.
¿Es así como se ve un periodo de crecientes rivalidades interimperialistas? ¿Un lado a la ofensiva mientras el otro no hace prácticamente nada en respuesta? Si China está desafiando a Estados Unidos por la hegemonía, ¿por qué no utiliza su enorme poder militar para verdaderamente proteger a sus aliados? ¿Por qué apenas utiliza su poder económico contra Estados Unidos?
La respuesta es sencilla: China no está compitiendo por la dominación mundial, y la situación global no está definida por las rivalidades interimperialistas. Más bien, sigue estando definida por los intentos erráticos y agresivos de Estados Unidos por mantener su imperio en todo el mundo.
¿Qué quiere Trump?
Se ha hablado mucho de la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Trump y de cómo supuestamente demuestra que Estados Unidos ya no es la potencia hegemónica mundial. Es cierto que el documento afirma que Estados Unidos ya no interferirá en cada centímetro del planeta. Pero lo dice solamente para poder concentrar mejor los recursos de EE.UU. en detener a sus principales competidores.
La doctrina “Donroe” de Trump no limita el poder de Estados Unidos al hemisferio occidental. Propone centrarse en América Latina porque la considera un eslabón débil en el creciente alcance de China. Mientras tanto, quiere un Medio Oriente dominado por Israel, un reajuste político en Europa según los términos de la derecha estadounidense (¡no una ruptura con la alianza transatlántica!) y mantener la primacía de Estados Unidos en el Pacífico. Difícilmente se trata de una política aislacionista.
Trump tiene muy claro que su agresiva política exterior tiene como objetivo reforzar el poder de Estados Unidos y revertir su declive. Más allá de quizás algunas partes de África y el este de Ucrania, no hay ninguna zona del mundo en la que Estados Unidos esté de acuerdo en retirarse para que otras potencias tomen el relevo. Si la política exterior de Trump demuestra algo, es que Estados Unidos no renunciará a su imperio global sin una lucha encarnizada que causará una devastación incalculable.
¿Imperialismo pacífico?
No hay duda de que China tiene enormes intereses económicos en todo el mundo. Tampoco hay duda de que las políticas exteriores y económicas de China se rigen por los intereses de los capitalistas chinos y los burócratas del Partido Comunista de China (PCCh). Pero estos factores por sí solos no convierten a China en una potencia imperialista. Ningún imperio en la historia del mundo ha existido basándose únicamente en la fuerza económica. El imperialismo necesita la fuerza militar como el fuego necesita el aire.
¡Pero China no ha estado en guerra desde 1979 Se supone que debemos creer que China se convirtió en una potencia imperialista mundial después de 1992 sin disparar un solo tiro. ¿Cómo es posible? ¿Se ha vuelto pacifista el imperialismo? ¿O tal vez se equivocan los teóricos marxistas del imperialismo chino”? Hacer la pregunta es responderla.
Si China fuera imperialista, seguramente utilizaría su ejército para defender sus intereses en el extranjero, como siempre han hecho todas las demás potencias imperialistas. Sin embargo, no hizo nada cuando Venezuela, el socio más cercano de China en América Latina, al que ha prestado 100 mil millones de dólares, fue atacado por Estados Unidos. Tampoco hizo nada cuando Irán, socio del BRICS+ y proveedor clave de petróleo, fue atacado en la Guerra de los Doce Días. ¿Y Pakistán? ¿Qué hizo China cuando Estados Unidos orquestó la destitución del presidente Imran Khan en favor de un peón estadounidense? Nada. Y a pesar del creciente número de países que incumplen el pago de sus deudas, no hay indicios de que se esté utilizando al ejército o los servicios secretos chinos para cobrarlas.
¿Por qué una “potencia imperialista” muestra tanta reticencia a utilizar la fuerza para defender sus intereses económicos en el extranjero? ¿Cómo explican esto los marxistas que consideran a China imperialista? Fácil, evaden el tema.
El caso de Taiwán
Es cierto que, en el caso de Taiwán, el PCCh amenaza con intervenir. Pero esto no tiene nada que ver con el modelo clásico de expansionismo colonial. Recuerden que el nombre oficial de Taiwán sigue siendo República de China. Este nombre no fue impuesto por Beijing, sino que fue elegido por el padre fundador del Taiwán moderno y verdugo del proletariado de Shanghai, el general Chiang Kai-shek. Taiwán existe como estado independiente sólo porque fue el último refugio de las fuerzas contrarrevolucionarias del Guomindang en 1949 y porque ha sido útil para Estados Unidos como bastión anticomunista.
Es cierto que la mayoría de la población actual de Taiwán no quiere unirse a la República Popular China (RPCh), en gran parte debido al régimen reaccionario de la burocracia del PCCh. Pero ello no cambia el hecho de que el conflicto entre Taiwán y la RPCh es una guerra civil inconclusa; no está impulsado por intereses económicos imperialistas. La prueba es que nada fundamental ha cambiado en la política del PCCh hacia Taiwán desde la época en que no había capitalistas en la China continental hasta ahora. El problema de la política del PCCh no es que busque la reunificación, sino que lo hace mediante medios burocráticos que concilian a los capitalistas y repelen a los trabajadores de Taiwán.
¿Dónde está el imperio chino?
No decimos que el PCCh nunca utilizará la fuerza para defender sus intereses, ya que obviamente lo hace para reprimir a su población e intimidar a los pescadores filipinos. Lo que sostenemos es que no existe un imperio chino. La República Popular China no tiene vasallos reales ni una zona de influencia real más allá de sus fronteras y unas pocas rocas en el mar.
Además, las acciones de la burocracia del PCCh no pueden explicarse igualándolas a las de una burguesía imperialista en expansión agresiva. Más bien, deben entenderse como la manera de proceder de una burocracia estalinista que busca la coexistencia pacífica con el imperialismo para construir el “socialismo con características chinas”. Por encima de todo, el objetivo de las políticas económica, exterior y militar de China es asegurarse de que nunca más estará a merced del imperialismo extranjero.
Es evidente que China no está actuando como Alemania, Japón o Estados Unidos a principios del siglo XX, cuando competían por una posición ventajosa. Pero no hace falta ir tan lejos. ¡Basta con mirar el año pasado! Es absurdo argumentar que Estados Unidos y China desempeñan el mismo papel fundamental en la escena mundial. Más allá de un evidente error analítico, equiparar a ambos países representa una verdadera capitulación ante la propaganda del imperialismo occidental y japonés.
¿Expansionismo ruso?
Si China se muestra reacia a utilizar la fuerza militar, no se puede decir lo mismo de Rusia. En Georgia, Siria y Ucrania, Rusia ha desplegado sus fuerzas armadas más allá de sus fronteras para defender los intereses de su clase dominante. Sin embargo, Rusia no desempeña un papel significativo en la extracción de plusvalía a escala mundial. El importante peso político de Rusia en el mundo se debe principalmente a su fuerza militar y a su resistencia al expansionismo estadounidense.
Desde el colapso de la Unión Soviética, son Estados Unidos y sus aliados los que se han expandido en Europa Oriental, llevando la OTAN hasta la misma frontera de Rusia. Nadie puede negarlo. El conflicto de Ucrania comenzó porque la UE y la OTAN intentaron expulsar la influencia rusa de Ucrania. Esto no justifica la invasión de Rusia. Pero demuestra que es falso considerar el conflicto simplemente como el resultado del expansionismo ruso. Estados Unidos se expandió hacia el este hasta que se metió en un lío. Ésta es la causa fundamental de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Sin embargo, la propaganda occidental sobre el “imperialismo ruso” ciega a muchos izquierdistas ante la realidad de este conflicto. La guerra de Ucrania no es una guerra justa de liberación nacional. Las fuerzas armadas ucranianas están controladas directamente por la OTAN y subordinadas a los intereses occidentales. Pero, más allá de eso, la dimensión nacional del conflicto tiene dos caras. Sí, si Rusia gana, significará la opresión nacional para los ucranianos. Pero si Ucrania gana, serán los millones de rusos que viven en Crimea, el este de Ucrania y más allá los que sufrirán la opresión nacional. Ninguno de los dos resultados beneficia a la clase trabajadora.
Una vez más, es totalmente falso situar a Estados Unidos y Rusia en la misma escala en cuanto a su papel en la política mundial. El primero ha dominado el mundo capitalista desde 1945, tiene cientos de bases en todo el mundo y sigue controlando todas las palancas principales del capital financiero imperialista. El segundo es una fuerte potencia militar capitalista que tiene un peso decisivo en su periferia inmediata. El primero oprime a los trabajadores a escala mundial, el segundo a escala regional.
¡Luchar contra el imperio estadounidense, unificar el movimiento obrero!
No ver que Estados Unidos es el principal apoyo del orden imperialista mundial es la mayor fuente de desorientación y capitulación en el movimiento revolucionario. Todas las teorías sobre las rivalidades interimperialistas sólo sirven para minimizar y negar lo que todos pueden ver: Estados Unidos es el principal agente del caos y la miseria en el mundo.
Reconocerlo no significa convertirse en un vulgar campista que abraza cualquier fuerza que se enfrente a Estados Unidos. No. Debemos oponernos precisamente a personas como Putin, Jamenei (recién asesinado en un bombardeo) y Xi, porque la opresión de su propio pueblo y sus estrategias nacionalistas socavan la lucha contra la tiranía global de Estados Unidos.
La tarea de los comunistas en esta coyuntura histórica es clara. Debemos construir un polo proletario internacionalista contra la espiral descendente a la que el imperialismo estadounidense está arrastrando a la civilización humana. Sólo desde este punto de partida estratégico podemos empezar a desentrañar los complejos nudos de los conflictos regionales y nacionales y unir a la clase obrera. Sólo desde este punto de partida podremos forjar un verdadero partido revolucionario del proletariado.

