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Bajo la intensa presión del imperialismo estadounidense, el Partido Comunista de Cuba (PCC) ha anunciado una serie de reformas económicas que, de implementarse, bien podrían conducir a la destrucción de las conquistas de la Revolución Cubana. Las reformas, ahora aprobadas unánimemente por la Asamblea Nacional, desmantelarían lo que queda de la economía planificada y permitirían la propiedad privada casi sin restricciones y la penetración económica imperialista en la isla. Los defensores de la Revolución Cubana deben oponerse a estas medidas, que son una puerta abierta a la contrarrevolución respaldada por los imperialistas.

Díaz-Canel, líder del PCC, afirma que las reformas son necesarias para “continuar el proceso de construcción socialista” bajo la amenaza del imperialismo estadounidense. ¡No! Son una rendición ante el imperialismo. Los “inversores” que llegarán a la isla serán los buitres de los fondos de cobertura, así como los gusanos de Miami que fueron expulsados en 1959, que se apoderarán de la industria y los recursos de Cuba para llenarse los bolsillos. Desmantelarán por completo las conquistas que aún quedan de la revolución en áreas como la salud y la educación, y se asegurarán de que, de una forma u otra, el PCC sea echado del poder.

Los dirigentes del PCC afirman estar implementando el “modelo” chino/vietnamita, que introdujo mecanismos de mercado e inversión imperialista que a fin de cuentas estaban bajo control estatal. Esto no es lo que está sucediendo. Las medidas que impulsa Díaz-Canel son exactamente las que dictan los gobernantes de EE.UU., quienes están empeñados en destruir el único estado obrero de América. En respuesta, los dirigentes del PCC han confiado en el oro falso de las negociaciones con Washington. El resultado han sido ataques cada vez más intensos por parte de Trump y Rubio. Con la economía en ruinas debido al bloqueo estadounidense, agravada por la mala gestión burocrática, los dirigentes del PCC ahora están dando pasos para traicionar la revolución.

El verdadero paralelo con lo que está sucediendo hoy no es China ni Vietnam, sino la Unión Soviética a finales de la década de 1980. Las privatizaciones generalizadas y las concesiones al imperialismo bajo Mijaíl Gorbachev allanaron el camino para la destrucción del primer estado obrero del mundo, un desastre para los trabajadores al nivel global. A través de sus mentiras, corrupción y mala gestión económica, los gobernantes soviéticos de ese país empujaron a amplios sectores de la población hacia la derecha, contribuyendo masivamente al impulso contrarrevolucionario. La misma amenaza se cierne hoy sobre Cuba.

¡Luchemos contra la traición de los dirigentes del PCC!

Es urgente forjar una oposición de izquierda al rumbo de los dirigentes del PCC, con el objetivo de movilizar al pueblo trabajador cubano contra la destrucción de su revolución. Todos saben que la situación actual —apagones diarios, escasez extrema de alimentos y medicinas, colapso económico— no puede continuar. El pueblo cubano se enfrenta ahora a dos alternativas diametralmente opuestas: la contrarrevolución capitalista y el dominio sin trabas del imperialismo estadounidense, o la lucha por un socialismo genuino, purgado del burocratismo y basado en la democracia obrera y la solidaridad con los trabajadores de todo el mundo. Este último camino no es fácil, pero es la única vía hacia adelante. ¡No debemos permitir que la revolución sea destruida sin luchar!

Hacemos un llamado a los partidarios disidentes del PCC y de la Unión de Jóvenes Comunistas, a los activistas independientes de izquierda y a otros a unirse en torno a una perspectiva socialista de lucha. El punto de partida es poner fin a toda conciliación con los imperialistas y apelar a los trabajadores de todo el mundo a que se solidaricen con Cuba. Esperar a que termine el mandato de Trump y que haya un gobierno progresista en EE.UU. para 2028 es un callejón sin salida. El tiempo se agota rápidamente, y los demócratas, al igual que los republicanos, son enemigos comprobados de la revolución, que han impuesto los bloqueos y las sanciones durante décadas. Los obreros de EE.UU., incluidos los trabajadores negros y latinos, están siendo aplastados por los incesantes ataques capitalistas. Éstos son los aliados a los que debemos recurrir.

El bloqueo petrolero de Washington sólo es efectivo porque lo están aplicando las élites gobernantes en otros países de América Latina: no sólo la Venezuela de Delcy Rodríguez, sino también los gobiernos “progresistas” de México y Brasil. En lugar de los elogios constantes del PCC a estos gobiernos, debemos exigirles que rompan el bloqueo estadounidense, reanudando y aumentando masivamente los envíos de combustible a Cuba. Eso significa hacer un llamado a los trabajadores de esos países para que actúen de manera independiente y en contra de sus propios gobernantes. Esto no solo ayudaría directamente a Cuba, sino que impulsaría la lucha antiimperialista en toda América Latina.

Una oposición de izquierda debe exigir al Partido Comunista de China que ponga fin a su propia política de conciliación con el imperialismo y proporcione personal y ayuda masiva para reconstruir la infraestructura cubana. La clase obrera china, con su poder social sin igual, debe lanzar el mismo llamado. Los envíos de arroz y demás ayuda humanitaria no son ni de lejos suficientes. Si Cuba demuestra que está lista para luchar, esto podría movilizar a cientos de millones de trabajadores en China y el Sur Global.

A los izquierdistas en el extranjero que se han movilizado en defensa de Cuba mientras apoyan las políticas de la dirección del PCC, les decimos: ¡cambien de rumbo! Ahora está más claro que nunca que defender la Revolución Cubana significa luchar contra la capitulación abierta del gobierno de Díaz-Canel ante el imperialismo, respaldada explícitamente por Raúl Castro.

Dentro de Cuba, una oposición de izquierda a la dirección del PCC debe hacer un llamado a los trabajadores y los campesinos para que busquen un rumbo diferente. Muchos cubanos, especialmente los más jóvenes, detestan las políticas impulsadas por el PCC que han llevado a grandes desigualdades y penurias. Pero no se les está ofreciendo un camino a seguir. Abrir Cuba a los imperialistas generará desigualdades mucho mayores y destruirá los logros reales alcanzados gracias a la Revolución de 1959. El problema no es la planificación económica, sino la mala gestión burocrática y la corrupción. Y el socialismo real requiere democracia obrera, no la supresión de opiniones socialistas disidentes ni la represión de protestas legítimas.

Las próximas semanas mostrarán si se puede forjar una oposición genuinamente socialista al rumbo desastroso de los dirigentes del PCC. El tiempo se está agotando rápidamente. ¡Es de importancia histórica que los comunistas genuinos estén a la altura de las circunstancias y luchen por la defensa de la Revolución Cubana!