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El 23 de enero, decenas de miles de furiosos manifestantes desafiaron temperaturas gélidas en Minneapolis para exigir sin ambigüedades que ICE se fuera. Esto sólo para que al día siguiente los matones de Trump se dieran vuelta y le dispararan a Alex Pretti al puro estilo de una ejecución. Esta enorme provocación no puede quedar sin respuesta. Pretti, enfermero de la UCI y miembro del Local 3669 del sindicato AFGE, sólo intentaba ayudar a una mujer que había sido rociada con gas pimienta por agentes federales cuando fue inmovilizado en el suelo, golpeado y desarmado antes de ser acribillado a balazos. Trump ha vuelto a intensificar su reinado de terror y seguirá haciéndolo mientras no enfrente consecuencias reales por su represión descarada.
La verdad es que los demócratas no están ofreciendo ninguna oposición seria. Hablan de forzar un cierre del gobierno para bloquear el gasto de ICE, mientras Trump tiene recursos suficientes para mantener la operación “Metro Surge” a toda marcha. El gobernador Walz aconseja grabar videos de la actividad de ICE, mientras los federales publican regularmente videos de su violencia y brutalidad en las redes sociales. Horas después del asesinato de Pretti, Walz activó a la Guardia Nacional para relevar a los policías que llevan a cabo el control de multitudes en el edificio federal Whipple. La orden de estas tropas no es ayudar a los manifestantes, sino ayudar a su represión. Desde hace semanas, el alcalde Frey ha pedido la salida de ICE, pero no ha hecho absolutamente nada para que eso suceda.
Las disputas sobre el financiamiento, las grabaciones de videos y las amenazas vacías no van a hacer retroceder a Trump y su banda de asesinos. Se necesitará una demostración de poder social para forzarlos a hacerlo. El movimiento obrero tiene la capacidad para obligar a Trump a retroceder, pero lo hará sólo si deja de andarse con rodeos y lleva a cabo una huelga real. Todo el mundo, desde los principales medios de comunicación hasta los líderes sindicales y los grupos de izquierda, presenta la protesta del 23 de enero como una huelga general. Si puedes tomar el tren o el autobús para desplazarte por la ciudad, si te entregan el correo y los paquetes, o si las escuelas están abiertas, no estás en medio de una huelga general. Es bueno que los trabajadores salieran a protestar en gran número el 23 de enero, pero lo hicieron de forma individual, pues la gran mayoría se reportó enfermo para tomarse el día.
Las direcciones sindicales son las responsables de haber desperdiciado esta oportunidad. Apoyaron y asistieron a la protesta para ponerse a la cabeza de la ira que hierve en sus propias filas y confinarla dentro de los límites aceptables para demócratas como Walz y Frey. Hablaron de paralizar Minneapolis con dureza. Pero ni siquiera organizaron contingentes sindicales en la protesta, y mucho menos convocaron a sus bases de manera colectiva, alegando que tenían las manos atadas por las cláusulas contractuales de no huelga. Así, mientras Trump hace añicos las “reglas de combate” y empuña todo tipo de armas en pos de los intereses de los multimillonarios, los dirigentes sindicales traicioneros se esconden detrás de esas mismas reglas para no utilizar el arma poderosa de la huelga, y los inmigrantes y los trabajadores lo pagan con sus propias vidas.
La ferocidad de la ofensiva de ICE en Minneapolis ha hecho que muchos votantes de Trump en la zona se replanteen su apoyo a éste. A los trabajadores simpatizantes de MAGA y a los miembros de los sindicatos más reacios a actuar se les puede y se les debe persuadir para que se unan a la lucha, al señalar el vínculo vital entre la defensa de los inmigrantes y la defensa de los sindicatos. ICE ha detenido y desaparecido a decenas de miembros de sindicatos de Minnesota tales como SEIU, UNITE HERE, CWA y ATU, y su violencia por las calles de la ciudad y su aplastamiento de la disidencia tienen como objetivo acabar con cualquier tipo de lucha contra los patrones. El sindicato de Pretti, el AFGE, perdió sus derechos de negociación colectiva el año pasado en el sistema de hospitales de la Administración de Veteranos, donde él trabajaba. En la ciudad de Nueva York, los patrones de los hospitales, quienes siguen el ejemplo de Trump, intentan presionar sin piedad a las enfermeras en huelga de la NYSNA para que acepten un contrato entreguista.
Una verdadera lucha obrera es una cuestión de vida o muerte, no sólo para los inmigrantes y sus defensores, sino también para los propios sindicatos. Los trabajadores combativos deben hacer un esfuerzo adicional en este momento, antes de que haya otros casos como los de Renee Good o Alex Pretti:
- Reúnanse con sus compañeros de trabajo para exigir a los líderes sindicales que movilicen el poder sindical, desde realizar contingentes en las protestas hasta la huelga general, la cual se necesita con tanta urgencia.
- Convoquen reuniones masivas de emergencia de los miembros del sindicato para organizar y preparar acciones colectivas.
- Dondequiera que los líderes sindicales opongan resistencia, hay que crear comités en defensa de los inmigrantes y del sindicato para impulsar la lucha.
Los trabajadores deben actuar con decisión y tomar la iniciativa para poner fin a la ocupación de las Ciudades Gemelas por ICE. No hay tiempo que perder: ¡los trabajadores deben actuar para detener a ICE!

