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La débil y desacreditada derecha mexicana ha buscado de-sesperadamente reposicionarse a través de una campaña reaccionaria contra el gobierno de Morena. Desde políticos del PRI, el PAN y Movimiento Ciudadano, hasta un sector de los empresarios y elementos más oscuros de una incipiente ultraderecha, todos acusan a Sheinbaum y su partido de vínculos con el narcotráfico. OK. Todo mundo sabe que el narco está integrado a los diferentes niveles de gobierno, sin importar quién detente el poder. Pero toda esta alharaca sobre el “narcoestado” tiene un propósito: pedir la intervención imperialista para que Trump tome cartas en el asunto y eche a Sheinbaum. Éste es, por ejemplo, el llamado explícito frecuente de la desquiciada senadora Lilly Téllez en sus entrevistas con Fox News y lo que solicita Ricardo Salinas Pliego en sus posts en X. Pero quizá la expresión más visible en los últimos meses de esta política servil fueron las manifestaciones de la “Generación Z”, llevadas a cabo en varias ciudades del país el pasado 15 de noviembre.

Como ha sido claramente evidenciado, estas protestas fueron convocadas y financiadas por la derecha, montándose y adoptando la simbología de las manifestaciones de la Generación Z que han sacudido a varios países del Sur Global (ver artículo sobre Indonesia en pág. 10). De manera patética, diputados del PRI aparecieron con banderas de One Piece en el congreso y Vicente Fox lanzó mensajes de apoyo a la marcha vistiendo una playera del anime. Además, se sabe que operadores políticos de Milei, Bolsonaro y la derecha venezolana estaban metidos hasta el cuello en su organización. Dichas manifestaciones no fueron secundadas por sindicatos ni organizaciones sociales, y su composición social terminó siendo muy distinta de la que solemos encontrar en las protestas. De manera escandalosa, fueron prominentes las solicitudes de auxilio al imperialismo de EE.UU. y los llamados a que Trump intervenga en México.

La izquierda, el movimiento obrero y todos los trabajadores del país deben tomar un lado claro en contra de estas expresiones reaccionarias. La derecha no cuenta con mucho apoyo y sus protestas han sido relativamente pequeñas. Pero, en un contexto en el que Trump ha estado estrangulando económicamente al país y escalando cada vez más en sus amenazas de intervenir militarmente, estas manifestaciones bien pueden convertirse en el pretexto que el imperialismo de EE.UU. utilice para llevar a cabo incursiones contra un gobierno que no ve como su lacayo abierto. Como era de esperarse, los mismos personajes que organizaron aquellas marchas festejaron el ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro, y se frotan las manos ante la perspectiva de que algo similar ocurra aquí. Trabajadores, campesinos: ¡Hay que defender México contra los imperialistas y la derecha vendepatrias!

Morena pavimenta el camino a la reacción

Aunque Sheinbaum continúa teniendo un nivel de aceptación muy alto, existen fisuras en la sociedad y enojo real que la derecha está buscando canalizar: la violencia asociada con el narco; una austeridad presupuestal para educación y salud que tiene a estos sectores en ruinas; las protestas de los agricultores contra la Ley de Aguas y por precios de garantía justos; el ataque a las condiciones de trabajo y el cierre de fábricas, etc. Los populistas no pueden resolver los problemas más acuciantes del país porque esto necesariamente implica confrontar a los imperialistas, una línea roja que no están dispuestos a cruzar. ¿Cómo asegurar jubilaciones dignas si las Afores están bajo control de los financieros extranjeros? ¿De dónde sacar los recursos necesarios para hospitales y escuelas de calidad si las riquezas del país son saqueadas? ¿Cómo se puede aspirar a la soberanía alimentaria si el T-MEC nos dicta qué sembrar, qué comprar y qué vender? Etc., etc.

Un genuino gobierno antiimperialista pondría la defensa del país al centro de su estrategia, movilizando a los trabajadores contra las amenazas y los embates de Trump. ¿Pero qué significa concretamente esto? La defensa de México empieza por la defensa de las condiciones de vida y trabajo de los obreros y los campesinos. Esto implica ir en contra de las propiedades y los activos imperialistas aquí en caso de despidos, paros técnicos sin remuneración, cierres de fábricas y demás ataques. ¿Qué tal repudiar el odiado Fobaproa o abolir las deudas que los campesinos, los trabajadores y la clase media adquirieron con los bancos chupasangre? Renacionalizar el sector energético sin compensación podría dotar de un presupuesto significativamente mayor a los servicios que tanto necesita la gente. Medidas elementales como éstas ofrecerían un alivio inmediato al pueblo, atacarían las bases materiales del crimen, fortalecerían a las organizaciones obreras y campesinas, y evitarían que la derecha reaccionaria obtuviera un punto de apoyo entre la población. Algunos dirán que esto no es posible por la estrecha conexión de las economías mexicana y estadounidense, la cual es un hecho. Pero esto también pone al proletariado mexicano en una ventajosa posición: tiene en sus manos una buena parte de la industria imperialista. Al mismo tiempo, un gobierno que sirviera a los intereses del pueblo buscaría minar la dependencia respecto a EE.UU., reforzando lazos económicos y militares con la República Popular China, por ejemplo.

Está de más decir que esto no es lo que ha hecho el gobierno de Sheinbaum. Por el contrario, ha intentado maniobrar para preservar el antiguo statu quo de “libre comercio” y relocalización de las industrias imperialistas en México, ofreciendo mejores condiciones (de explotación) para sus inversiones; se ha sumado a la guerra comercial con China imponiéndole aranceles y dándole la espalda a inversiones chinas; ha conciliado a los imperialistas y desarmado a los trabajadores en sus luchas; y, de manera crucial, ha sembrado la ilusión mortal de que los imperialistas no harán nada contra México, mientras sus agencias de seguridad tienen libre paso y sus aviones y drones surcan el espacio aéreo nacional.

La 4T se jacta del aumento al salario mínimo y de una amplia red de programas sociales, algo que ha cimentado el apoyo entre grandes sectores de la población. Debería ser elemental defender estas conquistas en contra de los ataques derechistas. Pero, también debería ser evidente que son insuficientes y que tienen una base muy endeble; en la medida en que los imperialistas apliquen más presión, éstos se tambalearán. Es común escuchar quejas entre trabajadores en contra de los programas sociales a jóvenes sin empleo, por ejemplo, acusándolos de flojos y de quitar recursos a cosas prioritarias. Esta manera de pensar viene del hecho de que distintos grupos de oprimidos son puestos a competir por una rebanada raquítica del pastel. En ausencia de una vía obrera independiente, que ataque la verdadera raíz del problema —la expoliación imperialista—, esto sentará las bases para una respuesta reaccionaria, como ha sucedido en otros países de América Latina.

La cuestión de la violencia asociada con el narcotráfico —uno de los gritos de guerra de la marcha reaccionaria— es un problema que toca fibras sensibles en mucha gente: miles de desaparecidos y muertos al año, balaceras que son el pan de cada día en diversas ciudades y pueblos, comunidades enteras secuestradas por grupos paramilitares, pagos por derecho de piso, etc. Con razón, muchas personas se encuentran desesperadas ante esta situación y quieren que algo cambie. Pero una potencial invasión imperialista no tendría nada que ver con detener el tráfico de drogas, sino con incrementar aún más la subyugación del país, disciplinando y obligando al gobierno a que haga cada cosa que Trump demande. Esto sólo empeoraría las condiciones de todos y la violencia del crimen aumentaría. Son la devastación del campo, la pobreza generalizada y la falta de oportunidades las que alimentan de carne de cañón al narcotráfico. Y esto se está poniendo todavía peor con la pérdida de empleos y el ataque a la válvula de escape de la migración. Por otro lado, son las mineras, los bancos y otras empresas imperialistas las que están detrás del funcionamiento y el financiamiento del narco. Es obvio que también la solución a la cuestión del narco pasa por una estrategia obrera y antiimperialista.

¡Por un frente único antiimperialista!

Nuestro video “Generación Z: Ni Morena, ni la derecha” (Canal Antiimperialista, 5 de diciembre) no tenía como centro la defensa del país y terminaba poniendo en un mismo plano a la derecha pro imperialista y a Morena. Una posición así sólo puede ser desestimada por los trabajadores que odian la opresión yanqui y ven que Morena resiste a sus excesivas pretensiones. ¿Significa esto que hay que apoyar cada medida que Sheinbaum toma contra la derecha y el imperialismo? ¡No! La tarea de los comunistas es entrar en la refriega y arrebatarle a los populistas la dirección de la lucha por la liberación nacional, mostrando en el curso de los acontecimientos cómo sus traiciones y sus vacilaciones ponen en peligro la propia defensa del país y preparan el resurgimiento de la reacción.

No endosamos la represión gubernamental de la manifestación, que fue importante y no se limitó a derechistas, sino que incluyó a periodistas y gente que sólo pasaba por ahí. Si bien no derramamos lágrimas por los reaccionarios detenidos, sí advertimos que todo fortalecimiento del aparato estatal, en nombre del combate a la derecha, será usado contra la izquierda, contra los trabajadores y los campesinos en lucha. Así, Morena acusa de derechistas o de hacerle el juego a la derecha a todos aquellos que osan protestar contra su gobierno, como la CNTE o los agricultores que llevan a cabo bloqueos. El propósito no es sólo aislarlos y desprestigiarlos, sino allanar el camino para una potencial represión.

Las organizaciones de trabajadores y la izquierda no deben limitarse a no apoyar la marcha y demás manifestaciones reaccionarias. La manera más efectiva de parar en seco a los imperialistas (y a los derechistas rastreros) es haciendo uso del enorme poder de la clase obrera. Un frente único antiimperialista movilizaría a los sindicatos y pondría presión sobre el gobierno para que tome decididas medidas antiimperialistas, incluyendo la confiscación de los bienes de los empresarios que llaman por la invasión estadounidense para ponerlos al servicio del pueblo. Si Sheinbaum no lo hace dejará claro que se necesita de una dirección distinta, una proletaria e independiente, para defender México.