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9 DE ENERO—Como un barón del siglo XIX al frente de un imperio colonial, Donald Trump declaró que el petróleo venezolano pertenece a Estados Unidos y utilizó la fuerza militar para adueñárselo. El imperialismo estadounidense bombardeó Caracas y otras ciudades y mató al menos a 80 personas, incluyendo soldados cubanos y civiles venezolanos, en un operativo para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores. Acto seguido, Trump dijo que le gusta la idea de una acción similar contra Petro en Colombia y que espera la caída del gobierno cubano. Los comentarios amenazantes contra México han aumentado al punto de que anoche Trump anunció “ataques por tierra” contra los carteles. El golpe a Venezuela es realmente el inicio de un capítulo de renovada agresión en el que México estará en primera línea. Los imperialistas están envalentonados y quieren dejar claro de la forma más brutal que Latinoamérica es su patio trasero. Si no se les detiene ahora, el futuro de las masas trabajadoras del continente será funesto. ¡No hay tiempo que perder! ¡Hay que protestar, movilizarnos y hacer huelgas en defensa de Venezuela, México y toda América Latina!
Los comentarios de Sheinbaum toda la semana de que no hay riesgo para México son ilusiones suicidas. Desde que Trump volvió al cargo, no ha hecho más que intimidar y atacar al mundo, incluido México, la principal semicolonia de EE.UU. Nuestro país ya ha sufrido las consecuencias del T-MEC, de los aranceles y de la guerra comercial con China. México es el principal proveedor de petróleo de Cuba, situación que se acentúa con el desvío de las exportaciones venezolanas. Eso es algo que Estados Unidos querrá detener. Sheinbaum tiene cada vez menos opciones en su intento de equilibrarse entre el poderoso proletariado mexicano y el imperialismo estadounidense, que quiere avanzar en su objetivo de convertir al país en una colonia abierta.
¿Qué podemos hacer aquí para protegernos a nosotros mismos y a todos los demás países bajo amenaza? México es el principal exportador a Estados Unidos, incluyendo productos cruciales para la manufactura, como componentes electrónicos, autopartes y acero. Además, existen enormes inversiones estadounidenses en el país que dependen de la mano de obra mexicana y de estabilidad social para seguir extrayendo ganancias y recursos. Un gobierno verdaderamente antiimperialista enfrentaría las amenazas estadounidenses con medidas que atenten contra los intereses de EE.UU. en México, como detener las cadenas de suministro en industrias clave o la confiscación de activos imperialistas de continuar las amenazas y las provocaciones. Un gobierno así también actuaría contra el estrangulamiento financiero imperialista del país. ¡Repudiar la deuda! ¡Nacionalizar los bancos! También buscaría socavar la dependencia respecto a EE.UU. ¡Por un acuerdo económico/militar de Latinoamérica con China! Otras medidas elementales de defensa serían echar de México a la DEA, la CIA y demás agencias imperialistas, así como prohibir el vuelo de aviones militares y drones estadounidenses sobre territorio mexicano.
Sheinbaum sigue siendo una presidenta con altos niveles de aprobación, entre otras cosas porque habla constantemente de la soberanía nacional, una aspiración muy sentida para el pueblo. Que Sheinbaum haya condenado el ataque a Venezuela y el secuestro de Maduro es popular en la población, entre la que el sentimiento antiyanqui está muy arraigado. No obstante, su perspectiva se basa en la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Después de más de dos años de genocidio en Gaza, debería ser evidente que la ONU y el derecho internacional, a pesar de las ocasionales palabras vacías de apoyo, no detienen las masacres ni defienden a los oprimidos. Para no dejar lugar a dudas de que Trump hace lo que se le antoja, declaró ayer: “No necesito el derecho internacional”. Si hay alguna esperanza de que Estados Unidos dé marcha atrás, es aplicando una presión real en los puntos donde siente dolor.
Los sindicatos deben exigir al gobierno que se organice la defensa de México a través de verdaderas acciones antiimperialistas. ¡Hay que plantear la resistencia conjunta con Venezuela y Cuba contra EE.UU.! ¡Hay que luchar por armas y adiestramiento militar para el pueblo bajo control de los sindicatos y las organizaciones campesinas! Los recursos para todo esto y para dar alivio a la población ante la inminente crisis deben venir de las riquezas que ahora son saqueadas del país por los imperialistas. ¡Expropiar el sector energético sin compensación! ¡Revocar las concesiones mineras a las empresas imperialistas!
Esto no es lo que Sheinbaum ha buscado hacer porque no está dispuesta a romper realmente con el imperialismo estadounidense. Aunque repite a menudo “cooperación, no subordinación”, Estados Unidos ya no quiere “cooperación” y exige “subordinación”. Que el gobierno de México ceda a las exigencias de Trump sólo conducirá a una mayor subyugación del país. No es que Sheinbaum no entienda la situación, pero se encuentra en un gran aprieto. Para infundir miedo en los corazones de los imperialistas, necesitaría movilizar a las masas mexicanas. Pero los trabajadores que se levanten contra el imperialismo y sus condiciones de sometimiento y explotación podrían, lógicamente, volverse contra la burguesía nacional más débil, que también los explota y los oprime.
Es importante que tantos sindicatos, izquierdistas y organizaciones sociales protesten contra el ataque a Venezuela. Esta energía no debe limitarse a declaraciones o actos simbólicos, que no son suficientes para defender Venezuela o México. Debemos luchar por una verdadera movilización del poder obrero como la única forma real de detener a los imperialistas. Es esencial que estos esfuerzos también atraigan a otros sectores clave, como el automotriz, el aeroportuario, el petrolero y el minero, donde las condiciones de trabajo se han degradado gravemente por la presión de los imperialistas.
Asimismo, es esencial tender la mano a los trabajadores y los oprimidos de Estados Unidos, donde actualmente existe descontento debido al empeoramiento de la economía y la ira por la brutalidad asesina de la policía y de ICE. Esas masas comparten con nosotros a un enemigo común en las corporaciones multinacionales que operan en ambos lados de la frontera y, en particular, en el gobierno imperialista de EE.UU. Es necesario unir a los oprimidos de todo el continente —desde Canadá hasta Chile y Argentina— en contra del enemigo principal. ¡Por un frente único antiimperialista!

