https://iclfi.org/pubs/ai/2026-aeropuerto
El 11 de abril, Magnicharters canceló sus vuelos por “problemas logísticos”. Es común en el sector que esto sea una señal para que la aerolínea se declare en quiebra y deje a los trabajadores en la calle. Esta situación ha sacado a la luz nuevamente el largo historial de abusos contra los trabajadores por parte de esa empresa. El mismo día, trece pilotos denunciaron adeudos en pago de viáticos por seis meses. Cientos de trabajadores enfrentan el desempleo y, sin embargo, los aeropuertos siguen operando como si nada. Ahora, el sindicato en Magnicharters está emplazando a huelga para finales de mayo por violaciones al contrato colectivo, cuando es necesario luchar ahora. Esto no debe continuar así. Todos los sindicatos aeroportuarios deben movilizarse en apoyo a estos trabajadores.
La caída de Magnicharters y sus atropellos son un reflejo de las malas condiciones de trabajo en toda la industria aérea mexicana, las cuales, a su vez, son resultado del saqueo imperialista. Estados Unidos depende de la mano de obra barata en los aeropuertos mexicanos —en particular el AICM— para alimentar sus industrias y transportar sus mercancías. Estos ladrones imponen esa explotación que deja enormes beneficios a las empresas extranjeras y nacionales.
Con EE.UU. depredando el mundo y provocando que los precios de los energéticos y otros productos suban, los patrones aeroportuarios buscarán degradar todavía más la situación de los trabajadores para compensar el aumento. Los dueños de Magnicharters simplemente decidieron huir con el dinero y no pagar sus añejas deudas con los trabajadores. Si los sindicatos dejan que se salgan con la suya, más empresas verán que no hay obstáculo para sus ataques. Defender a los trabajadores de Magnicharters es inseparable de defender las condiciones de todos. Pero para hacerlo es indispensable desechar la estrategia de Sheinbaum que pretende defender al país y los empleos conciliando a Trump y sus lacayos nacionales. Ha cedido a las exigencias del jefe imperialista en aras de obtener acuerdos que favorezcan al país, pero los imperialistas están exigiendo más sumisión y explotación. En el AICM, por ejemplo, Sheinbaum entregó seis slots —franjas horarias específicas— a aerolíneas estadounidenses bajo presión, lo cual ha agravado su saturación.
La misma línea ha sido seguida por las direcciones sindicales de ASSA, ASPA, SINACTA, SNTTTASS, entre otros, que han aceptado e implementado ataques contra sus agremiados —contratos diferenciados, ritmos de trabajo desenfrenados, largas jornadas, raquíticos salarios, etc.— bajo el argumento de que las compañías están en mala situación. Lo que ha quedado claro es que rendirse y no luchar no salva empleos, ni mejora nada. En vez de unir a sus bases, los dirigentes sindicales promueven la división entre los trabajadores y esparcen ilusiones de que la solución es pedirle al gobierno que intervenga a su favor. Repiten lo mismo respecto al conflicto en Magnicharters. Esta confianza es un callejón sin salida. Las autoridades sabían de los problemas de la aerolínea por lo menos desde enero y la dejaron operar poniendo en peligro a todos. Esto aun cuando el estado, titular de las concesiones aéreas, puede requisar una aerolínea en cualquier momento. ¿Por qué no lo hace? Porque sería cruzar una línea roja para los imperialistas y los patrones mexicanos al llevar a cabo incursiones en la propiedad y pondría en entredicho la “fiabilidad” de México para dejarse saquear.
La estrategia de los sindicatos aeroportuarios de tratar la situación de Magnicharters como un procedimiento legal “de rutina” sigue la misma lógica. Esta política sólo envalentona a la patronal y desmoviliza a los trabajadores al restringirlos a largos juicios que no logran mucho. Basta voltear a ver los casos de Mexicana, Aeromar e Interjet. El propio sindicato de Magnicharters anunció un “plan de liquidación” para los trabajadores ante la muy probable quiebra de la aerolínea, preparándose para capitular antes de siquiera estallar la huelga. En contraste, una fuerte movilización sindical por el pago inmediato a los trabajadores a costa de las compañías y su recontratación en el sector aéreo con las mejores condiciones haría que el gobierno y la patronal encuentren el dinero y los puestos de trabajo necesarios. Delegaciones de Magnicharters y los demás sindicatos deberían discutir cómo implementar esta línea de acción.
Enfrentar la ofensiva patronal requiere poner las esperanzas de los trabajadores en su fuerza colectiva, derivada de la labor que realizan, y no en las autoridades. Pero los trabajadores están atomizados y no confían en sus organizaciones. Dicha situación se debe a que las direcciones sindicales han permitido décadas de ataques y que la patronal enfrente a unos trabajadores contra otros —sindicato contra sindicato, sindicalizados contra no sindicalizados, trabajadores de planta contra eventuales, etc.—. Esto debilita el poder de los sindicatos, lleva a muchos compañeros a descartarlos y desmoraliza a sus bases. Lo que se necesita es dotar a los sindicatos de una dirección capaz de defender los intereses de todos los trabajadores.
En diciembre, el capitán Edgar Macías valientemente protegió a su tripulación y a los usuarios al rehusarse a despegar un avión por cuestiones de seguridad y denunció las pésimas condiciones de la aerolínea. Por ello fue injustamente despedido. Por su parte, los trece pilotos que denunciaron el adeudo de viáticos lo hicieron a título individual. Para luchar por estas legítimas causas con más posibilidades de ganar hay que combatir por que los sindicatos defiendan a los trabajadores de una manera que rete las divisiones. Un buen inicio sería luchar por el control sindical de la salud y la seguridad, incluyendo el detener las operaciones si hay peligro. Una acción sindical coordinada que apoye al capitán Macías y avance este objetivo pondría en mejor posición a los trabajadores. Cuanto antes adoptemos una perspectiva así, mayor será la posibilidad de evitar un desastre en Magnicharters y fortalecer la posición de los sindicatos para las luchas por venir.

