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La COB convocó a una gran marcha desde El Alto a La Paz este miércoles para exigir la renuncia de Paz y la liberación de todos los detenidos. La cita fue a las ocho horas en los alrededores del edificio Multifuncional, en el popular barrio de la Ceja, el corazón de El Alto. Subimos por el teleférico hacia el punto de encuentro en medio del trajín de La Paz. A nuestro arribo, pudimos ver que desde temprano ya había grandes masas campesinas y trabajadoras indígenas a la espera del inicio. A lo largo de la concentración, por aquí y por allá, pequeños grupos se reunían en asamblea. La Wiphala ondeaba sobre el hombro del pueblo como su símbolo inquebrantable de identidad y lucha. De acuerdo con los reportes de prensa, asistieron unas 40 mil personas. Nosotros pudimos constatar que fue masiva, probablemente más que lo que reporta la prensa.

En su recorrido, el contingente fue bien recibido en varias partes. Algunos aplaudieron a su paso, otros les dieron agua. Hay simpatía de la población, la cual está aguantando de manera abnegada las consecuencias del bloqueo. Sin embargo, muchos no se han unido activamente a la lucha porque no ven hacia dónde va, mientras que apenas tienen para sobrevivir. Se necesita una política clara y decidida de la COB para dirigir la lucha a través de sus organizaciones de tal manera que el pueblo tenga cubierto su sustento y la coordine para combatir ordenadamente. Esto incluye que reinicie bajo su control la producción de las empresas paradas por falta de suministros y tome de los imperialistas aquellos recursos necesarios para ello. Esto movilizaría a los obreros parados y podría galvanizar a la enorme fuerza que simpatiza con el movimiento y decidirla a entrar a la batalla.

A su arribo al centro de La Paz, la marcha fue emboscada por la policía. Los policías dividieron al contingente y atacaron ambos lados cargando y lanzando gases lacrimógenos. En particular fueron blanco del ataque los campesinos de Chayanta Potosí, uno de los sectores más combativos, así como los compañeros que portaban la Wiphala o el casco de trabajo.

Violeta Tamayo, corresponsal de La Izquierda Diario, fue gravemente herida por un proyectil de gas que le destrozó el brazo. Está hospitalizada. También golpearon y arrestaron en medio de la movilización a Vicente Salazar, dirigente de la organización Túpac Katari. Incluso le robaron su chicote, un importante símbolo de mando indígena. ¡Basta de vejaciones contra los pueblos Aymara y Quechua! ¡Regresen su chicote! Aunque fue liberado más tarde, como el mismo notó, lo que le hicieron fue un “escarmiento”. La policía arrestó a 63 manifestantes quienes permanecen detenidos. ¡Libertad inmediata! ¡Abajo todos los cargos!

Presenciamos un combate entre campesinos de Chayanta y la policía. Pudimos ponernos a salvo en una de las calles con mayor concurrencia de la ciudad gracias a que los compañeros pudieron mantener a distancia la carga policial. Después de dispersar la marcha, la policía desató una cacería por la ciudad con escuadrones motorizados para seguir amedrentando y arrestando gente.

En medio de un ambiente tenso escuchamos la conversación de varias mujeres indígenas. Para ellas era muy claro que Paz debía irse porque gobierna sólo para los ricos y les da grandes privilegios a los agroindustriales cruceños mientras no les da nada al pequeño campesino. Se sentían indignadas y vejadas por la represión sañuda contra los desposeídos. La jornada terminó, pero no la crisis ni las afrentas.

El gobierno boliviano no puede sofocar la rebelión y el movimiento ha sido lo suficientemente fuerte para mantenerse pero no para alcanzar su objetivo. En esta situación, Paz está azuzando a la población contra la lucha y parece que le está apostando al desgaste de ésta. Movilizar el poder de la clase obrera sería decisivo para obtener la victoria.

Los obreros salieron a luchar en diciembre pasado contra el decreto 5503 que buscaba vender los recursos del país a las empresas transnacionales, en particular de EE.UU. Si bien el decreto fue abrogado, se quitó la subvención a los hidrocarburos, el cual era un propósito central del decreto. El sector industrial y minero de la COB dejó de luchar después de la abrogación. Pero, para el movimiento campesino esto no fue suficiente y quieren que Paz se vaya. Esta disparidad es la que debe resolverse.

Los mineros estatales no quieren ir a la huelga o salir a pelear porque temen que el gobierno aproveche eso para declarar las minas en números rojos e imponga su privatización con esa justificación. Por su parte, los mineros del sector privado y los industriales temen poner en riesgo sus empleos. Ambas preocupaciones son legítimas. En medio de la miseria que se vive en el país, tener trabajo y sustento es vital. Pero, la cuestión es que si Paz logra desgastar al movimiento campesino, tendrá el respaldo del imperialismo y las manos sueltas para lanzar una ofensiva privatizadora a gran escala y un ataque brutal a las ya de por sí horribles condiciones de vida, lo cual impactará de una forma u otra a los mineros. Ante eso, los mineros estatales corren el peligro de quedarse solos, sin respaldo campesino y, peor aún, con un recelo hacia ellos por no haberse movilizado.

Es cierto que en la lucha se puede perder, pero si no se lucha, se perderá seguramente. La COB puede unificar y movilizar a los mineros. Asimismo, tiene el poder y la estructura para darle a la lucha, apoyada en su tradición, una línea de acción y una organización que sólo el movimiento obrero organizado puede ofrecer.