https://iclfi.org/pubs/ai/2026-unam
En México, millones de jóvenes son arrojados a un mercado laboral caracterizado por la precariedad, los bajos salarios, la informalidad y el desempleo, mientras el acceso a la vivienda, la educación y una vida digna se vuelve cada vez más difícil. Para muchos, entrar a estudiar a la UNAM es la única oportunidad de obtener educación decente y aspirar a encontrar un trabajo. Sin embargo, cada año alrededor de un 90 por ciento de todos aquéllos que hacen el examen de admisión quedan fuera. Con el imperialismo estadounidense buscando estrechar su control sobre el país, la perspectiva de un mejor futuro luce cada vez más sombría para todos los jóvenes, con educación o sin ella.
En este contexto, se ha desatado un escándalo alrededor del examen de ingreso a la UNAM, que por primera vez se llevó a cabo en línea. Las autoridades universitarias han decidido realizar un nuevo examen de “control” y retrasar el inicio de clases para los alumnos de nuevo ingreso. Esta situación ha detonado protestas de los aspirantes. Por un lado están quienes pedían la cancelación total del examen en línea y el regreso al presencial; por el otro, los que ahora se oponen al examen de control y exigen se respete el lugar que obtuvieron. Es innegable que hubo irregularidades masivas en el examen en línea y que las autoridades son completamente ineptas. El enojo de todos los aspirantes es entendible. Sin embargo, ¡la verdadera trampa reside en un sistema que deja la educación fuera del alcance de una buena parte de la población!
Los aspirantes rechazados argumentan que el examen en línea no brindaba un piso parejo para todos, es decir, equidad en las condiciones en que se presenta. Esto es cierto, ¡pero este problema no se resuelve regresando a la modalidad presencial! Las condiciones nunca serán las mismas para los hijos de trabajadores que no han tenido educación de calidad previa, que no pueden pagar un curso de preparación, que no tienen acceso a una alimentación adecuada, que tienen que trabajar al mismo tiempo que estudian, etc., etc. El examen de admisión, ya sea presencial o virtual, es un proceso elitista que excluye a las grandes masas. Ante esta situación, y dejando a un lado juicios moralistas sobre la integridad académica, es totalmente comprensible por qué alguien aprovecharía cualquier resquicio para asegurarse un lugar en la que es considerada la mejor universidad del país.
La pregunta, entonces, es cómo se puede conseguir el acceso a la educación para todos. Es bien sabido que existe mucho despilfarro y corrupción en el manejo del presupuesto asignado a la UNAM; por ejemplo, una pequeña cúpula dorada universitaria percibe sumas groseras, mientras que los profesores de asignatura —que enseñan la gran mayoría de los cursos— reciben salarios de hambre. Pero, incluso con una mejor administración de los recursos, es imposible darle un lugar a cada aspirante con el presupuesto actual. México destina apenas un 3.4 por ciento del PIB a educación, a pesar de que la Ley General de Educación establece que debe ser al menos el 8 por ciento. El problema detrás de todo este asunto no es pues el uso de la inteligencia artificial o la “deshonestidad” de algunos aspirantes, sino la necesidad de un incremento significativo del presupuesto a educación, para elevar el nivel de todas las universidades públicas, dotándolas de mejores instalaciones que tengan la capacidad de albergar más estudiantes y más grupos, contratando a más profesores y pagándoles mejor, etc.
Algunos en la izquierda e incluso comentaristas populistas entienden esto. Pero luego se limitan a condenas contra las medidas neoliberales o exhortaciones abstractas contra el capitalismo. ¿De dónde van a salir los recursos que se necesitan? Las instituciones imperialistas imponen una austeridad brutal en el gasto social, de tal manera que el gobierno mexicano destina más presupuesto a pagar deuda que a educación. Las riquezas del país (minerales, metales, energéticos), que podrían ser redirigidas para aliviar la situación del pueblo, son saqueadas por empresas mayoritariamente extranjeras. Y la actual embestida de Trump sólo está exacerbando la presión sobre Sheinbaum para ceder aún más. Es bastante claro que la lucha por educación gratuita y de calidad necesita de una perspectiva que no se ciña a los dictados imperialistas y que los rete, a diferencia de lo que hace Morena.
Gran parte de la discusión actual, incluyendo al rector Lomelí hablando del mérito académico, la honestidad y la transparencia (¡sic!), busca dividir y confrontar a distintos sectores de los aspirantes. Éstos necesitan una estrategia de lucha unificada, que incluya a los maestros precarizados, los trabajadores universitarios y los estudiantes, quienes se verían beneficiados de manera inmediata por un incremento sustancial al presupuesto de la universidad. Los sindicatos universitarios deberían estar a la vanguardia de esta lucha y exigir: ¡Basificación y aumento del número de plazas para trabajadores y maestros bajo control sindical! Lamentablemente, la dirigencia del STUNAM y otras hacen suya la estrategia de la 4T y han marcado la pauta para las revisiones contractuales de todo el sector: aceptando el tope salarial y otras medidas que han mermado su capacidad de lucha.
De manera crucial, los jóvenes deben voltear hacia la clase obrera mexicana, que, debido a la profunda integración de las cadenas de producción en Norteamérica, tiene en sus manos una importante porción de la economía estadounidense. La lucha contra la austeridad en educación (y salud) debe ser parte de la lucha más amplia por defender las condiciones de vida y trabajo que ahora están bajo ataque. Un primer paso sería exigir que el presupuesto para educación sea el diez por ciento del PIB, y que todo aspirante tenga acceso a un lugar en una universidad, ampliando la capacidad de la UNAM y otras escuelas públicas y obligando a que las instituciones privadas asignen al menos la décima parte de su matrícula para algunos de estos aspirantes sin cargo alguno. Si no se lucha ahora, la situación cada vez será peor. Los jóvenes deben buscar activamente que esta poderosa fuerza entre en escena en defensa de la educación de sus hijos y la de todos.

