QR Code
https://iclfi.org/spartacist/es/2026-bolivia-ataques

A finales de junio, Rodrigo Paz declaró el estado de excepción, lanzó al ejército contra los bloqueos que exigían su renuncia y acabó con ellos. Desde entonces, ha desatado una ofensiva brutal contra el pueblo. Ha atacado a los sindicatos, arrestado a líderes campesinos, destrozado las condiciones de vida de la población y eliminado derechos democráticos. Y esto es sólo el inicio. Paz anunció más tarifazos y prepara la venta del país a gran escala a EE.UU. y sus lacayos nacionales. Además, ha amenazado con extender el estado de excepción y aprobar una ley antibloqueos. De hecho, el gobierno de Santa Cruz ya aprobó una ley provincial contra los bloqueos.

Como señalaron activistas en El Alto a reporteros de Spartacist en junio, la principal fuerza detrás de estos ataques es el imperialismo yanqui, el cual busca, con la cooperación de las élites locales, saquear y controlar todavía más Latinoamérica. EE.UU. Necesita reforzar su mellada hegemonía y hará cualquier cosa para lograrlo, como lo ha demostrado con su bloqueo genocida contra Cuba o su control colonial sobre Venezuela. La situación en Bolivia, como en todo el continente, clama a gritos por luchas defensivas para poner un alto estos ladrones.

En esta situación, la defensa de Bolivia significa de manera directa luchar en defensa de las condiciones de vida y los derechos democráticos de los obreros, los campesinos, los indígenas, las mujeres, los gremiales y todo el pueblo. Aquéllos que quieran luchar por ello necesitan voltear al proletariado, la clase que tiene en sus manos los resortes clave de la economía, y buscar ponerlo en movimiento. A su vez, la clase obrera requiere acaudillar al pueblo para evitar que EE.UU. y sus lacayos bolivianos les arrebaten más de lo que ya han hecho.

¡Por la alianza obrera-campesina!

Los obreros y los campesinos no pueden defenderse de manera efectiva separados. Lo que hace falta es reconstruir la alianza obrera-campesina rota por los líderes sindicales cuando pactaron con Paz levantar los bloqueos a cambio de concesiones o promesas. Para unificar las fuerzas obreras y campesinas es necesario luchar por direcciones que defiendan las condiciones de vida y los derechos elementales de las masas. Una buena manera de empezar sería que la COB inicie una campaña y se movilice en rechazo del estado de excepción, contra la represión y por la libertad de los líderes campesinos. Esto atraería a las masas rurales y es urgente ante la amenaza de extender el estado de excepción. Además, defender la libertad para reunirse y protestar es indispensable para revertir la atomización de las fuerzas populares y organizarlas. De lo que se trata es de ponerlas en mejor posición para oponerse a la ofensiva imperialista. ¡Abajo la ley antibloqueos! ¡Libertad inmediata para Vicente Salazar, David Quispe, Justino Apaza y todos los detenidos! ¡Abajo todos los cargos!

Además, una alianza obrera y campesina sólo podrá forjarse si los trabajadores luchan por retomar las aspiraciones de los campesinos. En este sentido, la propuesta de ley de inversiones apunta al despojo de las comunidades para que las empresas extranjeras y nacionales saqueen a manos llenas los recursos del país. Un movimiento obrero enfilado a rechazar esta ley podría galvanizar al pueblo al luchar por la protección de los campesinos y de la soberanía nacional.

La izquierda suele identificar que el gobierno está cada vez más débil y aislado. Por un lado, enfrenta un gran rechazo popular. Por otro, políticos de derecha como Doria Medina y Tuto Quiroga se han distanciado de él. Si bien esto es verdad, no es menos cierto que Paz ha implementado todas sus medidas. El secreto de su permanencia reside en que Trump lo apoya y, de manera central, en que la dirección de la COB mantiene a los obreros y los campesinos divididos y desmovilizados.

Hoy la situación es muy peligrosa. Sin una opción obrera capaz de empezar a detener la embestida, la derecha puede fortalecerse aún más. Los sectores más radicales de ésta pueden canalizar a su favor el descontento que sacude al país ofreciendo medidas más drásticas para implementar reformas neoliberales con la falsa promesa de que eso solucionará la crisis. Incluso, los imperialistas pueden optar por un golpe de mano dura con estos sectores y las alas golpistas del ejército para pulverizar cualquier obstáculo, por mínimo que sea, a su saqueo.

La bancarrota de los dirigentes sindicales

En lugar de proteger a las masas, la COB está en la más completa postración. Mario Argollo, su máximo dirigente, no ha hecho más que pronunciamientos contra la extensión del estado de excepción, contra el aumento del diésel a grandes consumidores (más de esto abajo), etc. Andrés Paye, ejecutivo de la Federación de Mineros, ha hecho lo mismo, efectuar pronunciamientos. Y eso es todo.

Lo cierto es que la COB no ha movido ni un dedo para oponerse de manera real a ninguno de los ataques de Paz. De hecho, el plan de Argollo es llamar a un ampliado... para evaluar los tres meses del estado de excepción y el cumplimiento de los compromisos asumidos por el gobierno. A estas alturas debería ser claro que el gobierno y sus amos en Washington no le darán un respiro al pueblo boliviano y que son capaces de todo para aplastarlo. Las apelaciones de Argollo y Paye están destinadas a justificar su pasividad y desarman a los trabajadores. Los líderes de la COB insisten en su estrategia de llamar al gobierno a que cumpla sus acuerdos cuando de lo que se trata es de librar una batalla contra la degradación de las condiciones de vida. Ninguna pequeña componenda evitará que sean barridas. La cuestión no es llamar a una confrontación con el ejército, sino utilizar la fuerza de los obreros y movilizarlos de manera adecuada para fortalecer su posición.

A pesar de la actitud inofensiva de los líderes obreros, el gobierno quiere acabar con los sindicatos. Así, prohibió los descuentos por planilla de cuotas sindicales para desfinanciarlos. Además, la diputada derechista Lucero Justiniano, presentó una iniciativa de ley para terminar con las comisiones sindicales para privar de sus salarios a los funcionarios sindicales. Estos son ataques a los que hay que oponerse, pues asestan golpes demoledores a los sindicatos. Pero, la COB no ha hecho nada significativo. Si bien hay que rechazar la prohibición del descuento por planilla, esto debe ir acompañado de la exigencia de que el estado no retenga las cuotas sindicales y que éstas vayan directo a los sindicatos. Esto evitará chantajes estatales.

La inacción de la COB para defender el sustento de sus agremiados, por ejemplo el que no luche contra los salarios de hambre, sólo fomenta la desmoralización, la apatía y el conservadurismo de los obreros. Por ello muchos no ven por qué oponerse a las medidas antisindicales y algunos las aprueban. No obstante, es crucial para los trabajadores entender que los sindicatos son sus organizaciones elementales de defensa colectiva. El gobierno busca terminar con ellos porque, aún bajo el control de la burocracia, son un obstáculo para que las compañías extranjeras y nacionales los exploten de forma abyecta. Sin dinero, ni representantes, el sindicato no puede organizar sus luchas y será débil. Lo que hace falta es pelear en los sindicatos para que la dirección defienda los intereses obreros y rinda cuentas a las bases. Los líderes que no lo hagan deben ser sustituidos. Los militantes más conscientes deben forjar núcleos revolucionarios en los sindicatos que le disputen la dirección a los líderes entreguistas. ¡Defender a los sindicatos!

Por una estrategia de lucha de clases

Uno de los ataque más recientes del gobierno es el aumento al precio del diésel para grandes consumidores. Aunque la medida se presentó como una que no afectaría más que a éstos, es claro que está dirigida contra el pueblo. El alza estrangula a los pequeños y medianos productores y aumenta los precios de todos los bienes y servicios. Además, provocó recortes a los servicios públicos por falta de presupuesto, pues las dependencias públicas son consideradas “grandes consumidores”. Incluso, el decreto es parte de las condiciones del FMI para darle un crédito al gobierno boliviano de mil 900 millones de dólares.

La subida del diésel ha desatado protestas de clases y sectores con intereses contrapuestos. Latifundistas y compañías, pequeños y medianos productores de arroz y caña, campesinos y trabajadores, todos han rechazado la medida y/o protestado. En esta situación es crucial combatir todo intento de encadenar la lucha a la dirección de los potentados nacionales que por ahora la respaldan. Hacerlo sería subordinarla a los ricos atados a EE.UU. Más temprano que tarde buscarán un acuerdo para apuñalar a obreros y campesinos. Por ejemplo, la empresa La Paz Limpia suspendió el servicio de recolección de basura como protesta al aumento, el cual reanudó después de que la ciudad se comprometió a pagarle más. En contraste, los trabajadores de la empresa que hicieron huelga por mejores salarios no recibieron nada y denunciaron que la compañía los utilizó.

De la misma manera, el alcalde cruceño aprovechó la situación para privatizar la importación y venta de gasolina. Ante esto, es central que las organizaciones obreras mantengan su independencia e intervengan con un programa de defensa de los explotados y oprimidos que oponga el sector popular a las élites y apunte a deshacerse de las cadenas del FMI. ¡Ninguna confianza en la patronal y los terratenientes! ¡No a las privatizaciones! ¡Por salarios que cubran la canasta básica!

Defender a Evo Morales, no confiar en su liderazgo

El gobierno dictó una orden de aprehensión contra Evo Morales por terrorismo y otros cargos bajo la acusación de instigar y liderar bloqueos para derrocar a Paz. El Escudo de las Américas incluso lo acusó de financiarlos con dinero del narcotráfico y amenazó con atacarlo. Más recientemente, el ex mandatario denunció un plan de EE.UU. y el gobierno boliviano para asesinarlo. Ha sido indudable que estos matones quieren deshacerse de Evo y sus partidarios, a quienes ven como un obstáculo. Adicionalmente, la burguesía blancoide ve con odio a un indígena que no se le somete abiertamente. El movimiento obrero debe llamar a la defensa de Morales y los evistas. Hay mucha reticencia en partes de la clase obrera y los oprimidos para defenderlos debido a los ataques que Evo llevó a cabo en su contra durante su gobierno. Pero, el que sea encarcelado por Paz y EE.UU. no está en interés del pueblo y ahondará la división entre el movimiento obrero y campesino.

Evo es popular porque llama a oponerse a la entrega del país y a defender a los pueblos indígenas y los pobres. Dichas cuestiones son muy sentidas. Pero, su perspectiva se basa en tratar de conciliar intereses irreconciliables. Quiere tener un pie en el campo de los oprimidos y favorecerlos, mientras los contiene para que sus luchas no amenacen de manera seria la propiedad e intereses de los imperialistas y sus socios bolivianos. Esta contradicción condiciona todo su actuar. Durante los bloqueos, Evo buscó canalizar la lucha hacia una salida electoral, lo que ofreció como una opción para la pacificación y transición. Así, le echó un salvavidas al orden boliviano para que no fuera barrido. Después, se deslindó de los bloqueos y dijo que algunos se excedieron al exigir la renuncia de Paz. Con esto, contribuyó a dividir a los campesinos y aislar a sus sectores más combativos, al mismo tiempo que se presentó como una oposición más respetable a los ojos del gobierno. De hecho, en concordancia con esto, Evo no llama por la libertad de los líderes de los bloqueos.

Para combatir de manera efectiva a los imperialistas, Evo necesitaría movilizar a las masas. Pero, los obreros y campesinos indígenas al luchar contra el imperialismo pueden volverse contra la débil burguesía nacional que también los explota y los oprime. Morales ha querido evitar tal situación. Incluso en el gobierno se ha rehusado a expropiar a la burguesía blancoide y a profundizar la lucha antiimperialista –-razón por la que perdió el poder en primer lugar--. Hoy, EE.UU. requiere eliminar toda traba a su control de la producción, los recursos, las exportaciones y el mercado bolivianos. No hay cabida para las medias tintas de Evo, las cuales desarman a sus partidarios y a los trabajadores.

En contraposición a los líderes como Evo que piensan que pueden obtener un mejor trato de los imperialistas conciliando con ellos, es indispensable que el movimiento obrero boliviano se fortifique y unifique a las masas que están bajo ataque en contra del enemigo común. ¡Por un frente único antiimperialista para defendernos contra Trump y el Pollo!