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Por ahora, la tregua en la guerra de EE.UU. contra Irán ha detenido las bombas imperialistas. Pero quienes defendieron correctamente a Irán durante la guerra deben tener una visión sobria de la situación si quieren continuar la lucha y trazar un rumbo que permita derrotar a EE.UU. y sus cómplices israelíes.

Trump fracasó estrepitósamente en lograr la “rendición incondicional” de Irán, tal como la exigía. Y el hecho de que Irán haya resistido los golpes de la mayor potencia imperialista es importante en sí mismo. Sobre esa base, y a pesar de la oposición de los elementos de línea dura, la República Islámica ha proclamado la victoria, a lo que se ha sumado gran parte de la izquierda al nivel internacional. Pero la cruda realidad es que el equilibrio de fuerzas en la región no ha cambiado fundamentalmente.

El acuerdo consiste esencialmente en que EE.UU. pagará a Irán para que reabra el Estrecho de Ormuz, y luego se llevarán a cabo negociaciones. Ninguna de las cuestiones estratégicas que dieron pie a esta guerra se ha resuelto, e Irán no ha obtenido ninguna victoria fundamental. El alivio financiero estará vinculado al “comportamiento” de Irán respecto al acuerdo, y Trump amenaza con reanudar los bombardeos si es necesario. En cuanto a los 300 mil millones de dólares en fondos de “desarrollo” y el levantamiento de todas las sanciones, se trata de promesas destinadas a obtener más concesiones de Irán, que ya ha aceptado reducir sus reservas de uranio altamente enriquecido. En el ámbito militar, Estados Unidos sufrió reveses, pero no de gran magnitud. En resumen, el resultado principal es que la República Islámica puede vivir para luchar un día más.

Y sin duda tendrá que luchar. El “eje del mal” estadounidense-israelí sigue tan decidido como siempre a eliminar a la República Islámica como contrapeso a su poder en el Medio Oriente. Los últimos cien días deben verse como un capítulo más en la campaña de décadas de Estados Unidos para destruir ese obstáculo. EE.UU. e Israel aprovecharán ahora el tiempo para rearmarse, mientras Irán se hace cargo de la tarea de reconstruir su infraestructura y reactivar una economía destrozada. En cuanto al Líbano, sólo un tonto pensaría que Netanyahu detendrá los bombardeos porque Trump le dio una reprimenda. Estados Unidos e Israel harán todo lo posible para aplastar definitivamente a Hezbolá, utilizando el “acuerdo de paz” para continuar su lento y constante asedio. Mientras tanto, los sionistas han extendido un manto de terror sobre Cisjordania después de haber reducido Gaza a escombros.

No podríamos sino celebrar si es que Estados Unidos cumple su promesa de aliviar las sanciones y liberar los fondos iraníes congelados en el extranjero. Pero tales concesiones no abordan los obstáculos estratégicos para la seguridad de Irán. Entre ellos destacan su programa de enriquecimiento nuclear, sus defensas contra misiles balísticos y su apoyo al Eje de la Resistencia. Todos estos temas estarán en el centro de las próximas negociaciones. Reunidos ayer en Francia, los líderes de los países imperialistas del G7 —quienes chillaron como cerdos cuando Trump cerró el Estrecho de Ormuz— declararon que el acuerdo de tregua es una “oportunidad histórica para evitar que Irán se haga con armas nucleares”. Lo que está en juego aquí, como lo ha estado durante décadas, es el derecho y el deber de Irán de desarrollar los medios que sean necesarios para su propia defensa.

En lo que respecta a resistir la agresión imperialista, la guerra de Irán demostró por enésima vez que los héroes de la “multipolaridad” son totalmente inútiles. Centrada en su guerra en Ucrania, Rusia básicamente se mantuvo al margen, satisfecha con la oportunidad que tuvo para comercializar su petróleo. En cuanto a China, la dirección del Partido Comunista (PCCh) desempeñó su papel habitual de pacificador, negándose a plantear desafío alguno a los bandidos estadounidenses, incluso mientras éstos atacaban a uno de sus socios comerciales clave. A lo largo de la guerra, presionó continuamente a Irán para que llegara a un acuerdo. Además, utilizó las enormes reservas de petróleo chinas para reducir las importaciones de Irán, lo que moderó los precios mundiales del petróleo y alivió la intensa presión a la que Trump estaba sometido en su país para reabrir el estrecho. Cuanto más tiempo tarde el PCCh en resistir la agresión estadounidense, más tiempo y espacio les dará a los imperialistas para cercar a China, precisamente uno de los objetivos al atacar a Irán.

Ahora es necesario que la izquierda y el movimiento obrero hagan un balance de la situación y saquen algunas lecciones. Las fuerzas armadas de Irán resistieron bien los ataques de EE.UU., y, aunque le ha infligido bajas, Israel no ha derrotado a Hezbolá. Los opositores al imperialismo pueden sentirse animados por esto. Pero eso no debe cegarlos ante el hecho de que la estrategia que han seguido Irán y sus aliados es incapaz de derrotar realmente al imperialismo estadounidense. Ante el ciclo interminable de sanciones y guerra, el gobierno islámico sólo busca oponer suficiente resistencia para ganar un respiro, confiando en la “opinión pública” mundial para contener a los imperialistas y los sionistas.

Lo que se necesita, en cambio, es unir a los trabajadores y las minorías nacionales de Irán con las masas árabes de la región en la lucha contra Estados Unidos y sus instrumentos en Israel y los estados del Golfo. Los gobernantes de Irán no pueden dirigir esa lucha. Por más credenciales que puedan haberse ganado al plantarle cara a los imperialistas, su clericalismo opresivo y su perspectiva nacionalista son veneno para los trabajadores iraníes y los pueblos oprimidos de la región. Aunque defendamos abiertamente a Irán, los revolucionarios debemos proponer una estrategia internacionalista que pueda vincular la lucha por la liberación en el Medio Oriente con la lucha de clases en EE.UU. y otras potencias capitalistas. Es a través de ese camino que se conseguirá la derrota definitiva de los imperialistas y todos sus agentes y representantes.