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10 de octubre—Tras las poderosas movilizaciones de masas por la vivienda en toda España, el presidente Pedro Sánchez se ha visto obligado a convocar elecciones anticipadas. Pero ésta es una maniobra cínica: Sánchez intenta reflotar su popularidad, que cae en picada, a costa del movimiento por la vivienda. Su método es el chantaje: votadme o, de lo contrario, tendréis a la extrema derecha en el gobierno. Pero Sánchez se ha negado a hacerle frente a los fondos buitres y, a lo largo de su gobierno, la situación de la vivienda y el nivel de vida no han hecho más que empeorar. ¡Esto es precisamente lo que alimenta a la extrema derecha!

La mayoría de los militantes de izquierda y de extrema izquierda, que han estado a la vanguardia de las movilizaciones de masas, denuncian esta maniobra, y con razón. Exigen que las movilizaciones se mantengan en la calle y llaman a construir la huelga general. Cierto, debemos continuar la lucha. Pero el terreno de juego ha cambiado. Las elecciones acapararán la atención del país, y la derecha lidera las encuestas electorales.

Es por ello que la clase obrera necesita una oposición revolucionaria a Sánchez y sus partidarios en las urnas. Los llamados a mantenerse en las calles no son suficientes. Aunque estas elecciones sean una trampa, no podemos ignorarlas. La tarea ahora es construir una candidatura que pueda defender las exigencias del Sindicato de Inquilinas, poner sobre la mesa una alternativa revolucionaria a la campaña liberal e hipócrita de Sánchez, y socavar el apoyo de los trabajadores a la derecha. ¡Necesitamos una candidatura revolucionaria!

La mayor amenaza para el movimiento por la vivienda es que sea absorbido por la cínica apuesta electoral del PSOE. En tal caso, el movimiento por la vivienda sería percibido como un defensor del status quo, lo que empujaría a todavía más trabajadores a los brazos del Partido Popular y Vox. Sabemos que Pedro Sánchez jamás hará frente a los fondos buitres que acaparan viviendas y desahucian a decenas de inquilinos a diario. La campaña electoral durará casi dos meses, desbordará la cuestión de la vivienda y se convertirá en un referéndum sobre el gobierno de Sánchez. ¡De ahí la necesidad urgente de una alternativa revolucionaria!

Muchos en la izquierda, de la Organización Comunista Revolucionaria a la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras, llaman a construir la huelga general, a mantener la lucha en las calles, etcétera. Es cierto que los burócratas de CCOO y la UGT, después de arrastrar los pies durante semanas (y rascarse el ombligo durante años) se han visto obligados a convocar una huelga general...¡de 24 horas dentro de un mes! Crucialmente, ¡esos mismos burócratas intentarán transformar la huelga general en un acto electoral para Sánchez! Insistimos: las elecciones dominan todos los ámbitos.

Por supuesto, todos debemos apoyar la huelga general y construirla. Pero si no hay una clara alternativa política al PSOE ahora mismo que dé voz a las secciones más radicales del movimiento de la vivienda y que pueda desenmascarar a Sánchez y a la derecha, nos arriesgamos a convertiremos en peones del PSOE.

Dado que escribimos desde el extranjero, llamamos a los revolucionarios, a los comunistas y a los verdaderos socialistas a que hagan todo lo posible para construir esta alternativa revolucionaria. Ésta debe construirse de forma totalmente independiente al PSOE, y oponerse a cualquier tipo de colaboración con el mismo en el gobierno. Esta condición es particularmente importante, dado que varios partidos de izquierdas como Podemos, Sumar o Izquierda Unida han estado durante años en el gobierno de Sánchez o en su órbita. Como mínimo, sólo quienes se nieguen a colaborar con Sánchez y se comprometan a luchar por las exigencias del Sindicato de Inquilinas deberían ser dignos de nuestro apoyo.

El movimiento por la vivienda en España ha sido heroico y ha constituido una fuente de inspiración a lo largo y ancho de Europa y más allá. Los revolucionarios debemos aprovechar este movimiento para construir una fuerza política organizada que imponga la voz de la clase obrera en la escena política.