https://iclfi.org/spartacist/es/2026-cuba-carta
Estimados compañeros:
A finales de julio pasado surgió el Nuevo Movimiento Revolucionario Cubano, una organización amplia que se declara contra el paquetazo de reformas pro capitalistas del Partido Comunista de Cuba, por el verdadero socialismo, contra el bloqueo imperialista, por la soberanía económica, el control obrero, el antiimperialismo auténtico y el internacionalismo. Por ello, sin suscribir cada una de sus posiciones y propuestas, desde la Liga Comunista Internacional saludamos el nacimiento del NMRC como un acontecimiento que podría ayudar en la construcción de una oposición de izquierda revolucionaria en Cuba. Especialmente a través de nuestro podcast semanal, “Cuba frente a la amenaza yanqui”, hemos procurado entablar un debate camaraderil con el NMRC y otros militantes de la Izquierda Crítica Cubana.
A nuestro parecer, la debilidad fundamental del NMRC y otras tendencias de la Izquierda Crítica es su negativa a tomar posición sin ambages por la defensa de la Revolución Cubana frente al imperialismo y la contrarrevolución interna, así como por la extensión internacional de la Revolución.
Es cierto que hoy día queda muy poco de las conquistas de la Revolución de 1959, en una Cuba sumida en una catástrofe económica y social gracias al brutal bloqueo imperialista y a las torpes decisiones de la burocracia gobernante a lo largo de los 35 años desde la caída de la URSS. Las nuevas “transformaciones económicas y sociales” constituyen el más reciente y descabellado intento de la burocracia de eludir el bloqueo imperialista no mediante métodos basados en la lucha de clases, sino en la apertura cada vez mayor a la penetración del capital imperialista. (Aunque a EE.UU. no le interesa mucho, por el momento, esta apertura: prefiere matar de hambre al pueblo cubano con la esperanza de que el PCC caiga por su propio peso en medio del caos.)
Las nuevas generaciones cubanas no han conocido más que la indigencia, combinada con los discursos autocomplacientes de la cúpula dirigente, sus privilegios y su represión arbitraria. Todo ello ha conducido no sólo al creciente desprestigio del régimen, sino también al desprestigio de las ideas mismas del “socialismo” y de la “revolución”. Bajo estas circunstancias, podría parecer lógico concluir que la Revolución Cubana está muerta y proclamar la necesidad de una nueva revolución socialista. Pero ello sería un grave error. Quienes llegan a esa conclusión hacen a un lado el hecho de que el estado nacido en 1959 sigue en pie. Éste no es un estado capitalista: es el mismo estado que expropió a los capitalistas yanquis y nacionales, el que impuso la planificación económica y tomó en sus manos el comercio exterior.
Dar por muerta la Revolución significa descartar a los miles, quizá millones que ven al menos con desconfianza, si no con hostilidad abierta, las sucesivas “reformas de mercado” y la creciente desigualdad, y añoran regresar a la “Cuba socialista” de los años 80. Es indudable que existen enormes contradicciones al seno de la sociedad cubana. Por ejemplo, en su muy interesante libro Cuba: una historia crítica (1959-2025), el compañero Frank García Hernández explica:
“La crisis económica ―y política― que estallaría en la Cuba de 2020, prolongada hasta hoy, ha estado marcada por esa continua comparación: miles de personas afirmando, que ‘con Fidel esto no estaría sucediendo’”.
Cualesquiera que sean nuestras críticas a Fidel Castro, la referencia continua a su persona por miles de cubanos no puede ser más que una expresión deformada de apego a los ideales igualitarios, anticapitalistas y antiimperialistas de la Revolución Cubana.
La burocracia misma ―y esto es crucial― no es un ente monolítico, sino que está plagada de contradicciones internas. Precisamente porque no se trata de una clase social, sino de una casta parasitaria, la burocracia carece de los intereses comunes que dan solidez granítica a la burguesía frente al proletariado. La burocracia se resquebrajará tarde o temprano. La pregunta es: ¿en qué dirección? ¿La traición total y la desmoralización, como en el caso de la URSS en 1991, o se ganará a un ala izquierda del partido, probablemente incluyendo a elementos de la burocracia, al lado del proletariado?
Entre los cientos de miles de militantes del PCC, de la UJC y de funcionarios ―incluyendo a miembros de las fuerzas armadas y de la policía― debe haber muchos elementos que se consideran genuinamente comunistas, que ven con disgusto y preocupación el carácter nefasto de las reformas de mercado. He aquí un pequeño ejemplo: Granma informó recientemente (“El país se construye desde el surco”, 14 de septiembre) de un encuentro de Díaz-Canel con representantes del sector agropecuario para impulsar las “transformaciones”. El artículo dice:
“Fernando Ravelo Hernández, presidente de la CPA Cuba-México [Cooperativa de Producción Agropecuaria Amistad Cuba-México], de Artemisa, reconoció que le costó mucho asimilar los cambios propuestos en los últimos años.
“Confesó que rechazó vincular la cooperativa con usufructuarios de tierra y otros tenentes ajenos a ella; sin embargo, él y la junta directiva han flexibilizado posiciones y mantienen relaciones con usufructuarios aledaños a la cooperativa, a quienes les dan servicio de riego y maquinaria”.
A Fernando hubo que convencerlo (¿por qué medios?) de aplicar las reformas de mercado en su cooperativa y otorgar servicios a productores privados. Como él debe haber cientos de miles. Es necesario encontrarlos y canalizar su desconfianza legítima en un sentido revolucionario: regresar a las bases materiales de la Revolución Cubana.
Como dice una expresión en inglés: ¡no hay que tirar al bebé junto con el agua de la bañera! Procurando disociarse de la burocracia, el NMRC deja intacto el monopolio hipócrita de ésta sobre la “defensa de la Revolución”. Al contrario, lo que hace falta es mostrar al pueblo cubano entero cómo la camarilla dirigente traiciona y socava a cada paso lo que queda de las conquistas de la Revolución Cubana. Para ser claros: la oposición al régimen del Partido Comunista de Cuba sin la defensa clara y nítida de la Revolución nos colocaría, querámoslo o no, en el campo del imperialismo. De mantener una postura agnóstica respecto a esta cuestión, un pequeño grupo aún en construcción, como lo es el NMRC, será incapaz de ganar a los miles de trabajadores que siguen confiando incluso hoy día en la capacidad del PCC de defender la Revolución frente al imperialismo yanqui.
En conclusión: ¿una nueva revolución? Sí, pero una revolución política, no para destruir al estado existente, sino para depurarlo, para descartar a todos los elementos carreristas y desmoralizados y poner al pueblo trabajador cubano a la cabeza de la economía y la sociedad entera. Consideramos que las consignas fundamentales de una oposición de izquierda revolucionaria en Cuba deben ser:
- ¡Defensa de la Revolución! ¡Abajo las “transformaciones” pro capitalistas!
- ¡Igualitarismo radical! ¡Abajo los privilegios!
- ¡Democracia obrera! ¡Basta de represión contra el pueblo desesperado y la Izquierda Crítica!
- ¡Internacionalismo antiimperialista no de palabra, sino en los hechos! ¡Sólo el proletariado internacional puede venir al rescate de Cuba! El antiimperialismo no está en los pasillos parlamentarios capitalistas ni en los salones de la ONU: ¡Está en la lucha de clases!
¿“Capitalismo de estado” o defensa de la Revolución?
Hasta donde podemos ver, la posición del NMRC respecto al proceso de la Revolución Cubana es ambiguo y contradictorio. En su manifiesto de fundación se hace una referencia de pasada al “capitalismo de estado”, sin mayor explicación. En sus múltiples publicaciones en Instagram, donde propone muchas medidas económicas y sociales, no habíamos podido encontrar una sola referencia a la defensa de la Revolución Cubana. Pero recientemente, frente a las calumnias de un plumífero estalinista de Mundo Obrero (órgano del Partido Comunista de España), el NMRC respondió correctamente que su lucha es “contra el bloqueo, el imperialismo yanki y también contra el autoritarismo del gobierno cubano”; más aún, los compañeros respondieron que “defender la revolución no significa defender instituciones o dirigentes sin crítica” y que “la Revolución no debería temer a la crítica de quienes aspiran a profundizar sus conquistas”. ¡Bravo compañeros!
Al mismo tiempo, la respuesta del NMRC afirma que “el ‘capitalismo de estado’ es un debate legítimo”, sin tomar una posición clara por o contra esta teoría. En nuestra opinión, no se puede defender la Revolución, mucho menos aspirar a profundizar sus conquistas, y sostener al mismo tiempo que Cuba es “capitalista de estado”.
En nuestras publicaciones, como nuestra revista internacional Spartacist, hemos abordado el debate sobre el carácter de clase de China en particular (ver “Ni imperialista, ni capitalista: La naturaleza de clase de China"). Respecto a Cuba, hemos abordado el tema en nuestro podcast, en particular en el episodio “Cuba en la cuerda floja… ¿y los trotskistas?”. Les recomendamos ampliamente el escrito de 1933 de León Trotsky, “La naturaleza de clase del estado soviético”.
No podemos ahondar sobre esta cuestión central en el marco de esta breve carta abierta. Baste decir, por el momento, que la teoría del “capitalismo de estado” aplicada a Cuba significa, una vez más, dar por muerta la Revolución. (Así como un “estado obrero deformado”, por más deformado que esté, sigue siendo un estado obrero, un “capitalismo de estado”, por más “estatal” que sea, sigue siendo capitalista, la dictadura de la burguesía.) Para nosotros, como bolcheviques-leninistas, la importancia de un análisis reside en las tareas concretas para los revolucionarios que emanan de él. Cuando lo que está en juego es, de hecho, el destino inmediato de la Revolución, nos queda claro que no podemos construir una oposición de izquierda revolucionaria en Cuba sobre la base de la teoría del “capitalismo de estado”. En todo caso, estamos de acuerdo en que el “capitalismo de estado” es un debate legítimo: ¡debatámoslo pues! Esperamos poder entablar con ustedes una discusión mucho más seria y profunda respecto a ésta y otras cuestiones.
Cuba se encuentra al filo de la navaja. El triunfo de una contrarrevolución dirigida por Estados Unidos sería una derrota masiva para los obreros y los oprimidos en la isla y en todo el continente. Es verdaderamente urgente construir una oposición de izquierda antiimperialista contra el desastroso curso de los dirigentes del PCC, y pensamos que todos los socialistas que compartan este análisis básico deberían colaborar hacia ese fin. En nuestra opinión, afirmar la necesidad de defender las conquistas de la Revolución de 1959 es absolutamente crucial en esta lucha.
Saludos comunistas,
Sacramento Talavera
por la Liga Comunista Internacional

